Gobierno y sociedad

Hay un fenómeno escasamente perceptible. Es el bajo peso de la opinión pública sobre los poderes del Estado.

Hay un fenómeno escasamente perceptible. Es el bajo peso de la opinión pública sobre los poderes del Estado.

Los actores sociales pueden formar un amplio consenso sobre determinado tema, expresarse de muy variadas formas para hacerse sentir. Debates a través de los medios de comunicación y de las vías alternas electrónicas o directamente mediante hechos.

Pero nada ocurre. No hay respuesta medible frente al accionar social, sea de grupos populares, sociales o sectoriales, incluso de determinados entes de poder virtual o fáctico. La respuesta más extendida es un silencio difícil de interpretar, del cual podrían hacerse diferentes lecturas.

¿Hasta dónde conviene a un sistema democrático que las voces gobernadas no tengan respuestas? Eso nadie lo sabe, pero probablemente quienes gobiernan entienden que puede resultar rentable. Total, la sociedad muestra una inmovilización que sólo se modificó con las potentes manifestaciones contra la corrupción y la impunidad.

Sería bueno que los estudiosos de la sociedad observen ese comportamiento del poder ante temas de interés que en cualquier circunstancia ameritarían explicaciones o respuestas.

Quizás se opte por dejar pasar, y hasta dejar hacer, pero en ningún caso escuchar y explicar convincentemente a los ciudadanos que creen que la democracia debe ser primordialmente dialogada, con la participación de gobernados y gobernantes.

Es un ejercicio fundamental que no se llena ni siquiera con “las realizaciones”. El poder requiere racionalizar, explicitar su proceder y hacer conexiones visibles con la sociedad.

Los encuentros sectoriales tienen valor, pero el ejercicio del poder conlleva una didáctica. Implica generar conexiones colectivas, responder inquietudes y expectativas que se anidan en la sociedad.

El discurso no tiene que estar repleto de “logros”. Puede simplemente contribuir a formar una opinión, a ser parte. Un conocimiento del quehacer público, por acción o reacción, estimula los sentidos de la ciudadanía, y ayuda a satisfacer requerimientos que quizás no se llenan con hechos, sino con palabras orientadoras para una Nación que puede sentirse desoída.

Comunicar y compartir el desempeño de la Administración debe formar parte del quehacer cotidiano, una herramienta clave para la buena gobernanza.

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