La vida es un viaje

Ningún compromiso debería exigirnos hipotecar la serenidad para cumplirlo.

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Esta semana he vivido con la sospecha de que los días tienen menos horas de las que anuncian los relojes. Una presentación de libro, la conclusión de mi tesis de máster, conducente al doctorado en Filosofía, una clase en Cancillería, una reunión en la universidad y, como cada semana, este artículo que debe llegar puntualmente al periódico.

Escribo bajo la mirada de una lámpara que ha presenciado mis últimas madrugadas. Apenas he dormido dos horas y comienzo a preguntarme cuánto puede resistir un hombre cuando confunde entusiasmo con resistencia. Aprecio casi todo cuanto hago. Precisamente por eso resulta difícil renunciar a algo. Pero incluso las vocaciones necesitan descanso, no trabajo.

Mi mujer acaba de entrar a la biblioteca. Son las tres y cuarenta de la madrugada. Me advierte que, si continúo así, quizá llegue al lunes con la tesis terminada, aunque no necesariamente en condiciones físicas de defenderla. Tiene razón. Pero cuando tengo un texto abierto en el computador desaparece el sueño, pero el cuerpo conserva una contabilidad que tarde o temprano me cobrará.

Necesito volver a Punta Cana, a CasaMar, escuchar el viento durante seis días, leer poesía sin obligación y comenzar a pensar esa novela que quisiera escribir durante los próximos dos años. También espera un libro de poemas que deseo revisar para publicarlo el próximo año.

Mis amigos, entretanto, llenan la agenda con afecto y compromisos. Viene la feria, varias actividades y después otro viaje. Algunos llaman a eso vivir. Yo empiezo a sospechar que vivir también consiste en saber decir que no y retirarse.

Tal vez descansar sea también una forma de responsabilidad. Hay libros que pueden esperar, reuniones que admiten otra fecha y conversaciones que sobreviven a nuestra ausencia. Ningún compromiso debería exigirnos hipotecar la serenidad para cumplirlo.

Llegaré al lunes. Presentaré mi tesis. Esta columna aparecerá hoy. Pero debo aprender algo: no todo merece una madrugada sin dormir.

Quiero regresar a la disciplina en la que pocas cosas conseguían perturbarme. La vida concede ocupaciones, pero es una sola vida. Si la gasto enteramente en cumplir, algún día descubriré que cumplí con todos menos conmigo.

Nos vemos el lunes en este espacio de El Caribe

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