El viejo caudillo que enfrentó a Trujillo

Horacio Vásquez era un hombre sencillo y austero. De acuerdo a un distinguido historiador poseía “sanas costumbres y frugales hábitos de vida”. No jugaba ni fumaba. No consumía alcohol ni “era amigo de las fiestas ni era mujeriego”. No había cumplido los treinta y nueve años, cuando, en julio de 1899, su primo Ramón Cáceres remató al tirano Ulises Heureaux, en Moca. El dictador herido, quien era un excelente tirador con la mano izquierda, ya que tenía la derecha inutilizada, disparó. Sin embargo, esa vez erró en el disparo, matando a un mendigo a quien minutos antes le había dado dinero.

Vásquez esperaba a su primo en las afueras del pueblo, desde donde ambos emprendieron la huída rumbo a San Francisco Macorís. En septiembre, los primos entraron triunfantes por la calle El Conde. Podríamos decir que la llegada a Santo Domingo marcó el comienzo de la carrera de Vásquez como unos de los caudillos políticos más influyentes en los primeros treinta años del siglo XX. Encabezó el gobierno en los períodos de 1902-1903 y, sobre todo, de 1924-1930. Se caracterizó por su honradez en el uso de los fondos públicos, su aversión a derramar sangre y una tolerancia que le permitió a los ciudadanos disfrutar de sus derechos y libertades. Sin embargo, igualmente poseía el mal dominicano: un deseo de continuismo que lo llevó a extender su mandato de 1928 a 1930.

Desafortunadamente para él y para el país, le tocó gobernar a una edad avanzada para aquella época, pues tenía setenta años al final de su mandato. A lo que se debe agregar un grave quebranto de salud que lo llevó al afamado Hospital Johns Hopkins el 17 de agosto de 1928. Regresó en enero de 1930 en un “estado de casi invalidez”. Al llegar, el vicepresidente José Alfonseca y sus más cercanos seguidores le advirtieron de la necesidad de destituir a Trujillo como jefe del Ejército. El viejo caudillo dudó y no actuó. ¿Se debió a su estado físico, o aquella ingenuidad que algunos le atribuyen, fruto de su bondad, que lo llevó junto a su esposa doña Trina a tratar a Trujillo como a un hijo?

Los acontecimientos se precipitaron y al mes siguiente Vásquez fue derrocado. Engañado y humillado, Horacio Vásquez se retiró a Moca. Pero Trujillo, exhibiendo toda su maldad y cinismo, sometió a quien lo había protegido a un juicio politico en el Senado, por corrupción. Utilizando sus reservas de grandeza, el viejo caudillo le informó a la comisión de senadores que comparecería con el propósito de “denunciar a quienes desgraciadamente robaron en mi Gobierno, Trujillo el primero de todos. No me importa morirme, .pues los días que estoy viviendo están de más!”.

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