Ayer celebramos el día de los padres dominicanos, siendo el único país en el mundo que lo hace el último domingo de julio. Esto no fue siempre así. Hasta 1969 el día de los Padres era el domingo siguiente al día de las Madres, pero por razones únicamente comerciales, para permitir que el bolsillo de la familia, entonces más cargado al padre suplidor, se recuperara, el Presidente Balaguer accedió a la petición gremial. Originalmente la Ley No. 501 de 1941 lo establecía para celebrarse el primer domingo de junio.
En el ’69 Balaguer lo cambió con la Ley 443-69 para ser celebrado el último domingo de julio. En el mundo católico casi muchos países lo celebran el 19 de marzo, coincidiendo con el día de San José, padre “putativo” de Jesús. En Estados Unidos fue propuesto en 1910 por una mujer de nombre Sonora Smart Dodd, cuya madre había fallecido, quiso rendir homenaje a su padre, William Jackson Smart, un veterano de la Guerra Civil que crió solo a sus seis hijos. La idea fue aceptada pero no fue hasta 1966 cuando el presidente Lyndon Johnson declaró el 3er domingo de junio como día del Padre y Richard Nixon firmó una ley que lo convertía en festividad nacional permanente. En un país como el nuestro, con una alta tasa de divorcios de 59.3 % con relación a los matrimonios, tan cerca como 2024, es dable notar que hay muchos hijos sin la presencia permanente del padre. Estas alarmantes cifras no reciben las separaciones de padres de unión libre, de altísima incidencia en nuestra afectada sociedad, toda vez que la familia es núcleo de la sociedad toda. En 2024 hubo 44349 matrimonios y 26,210 divorcios, con mutuo consentimiento como causal principal, unos 17,406 y con incompatibilidad de caracteres, en un segundo lugar, con 8803. Un promedio de 70.9 divorcios diarios!!! Esto refleja cambios sociales, culturales, y económicos, que están transformando las dinámicas familiares tradicionales. El referente paterno emigra hacia abuelos, tíos o nueva pareja de la madre divorciada y circunstancialmente a amigos y relacionados, pero ninguno con cohesión como la relación paterna primaria. En muchísimos casos la madre debe emprender la crianza sola y con frecuencia sin el soporte económico, como si la criatura hubiera sido engendrada sin la participación paterna. Esas “Mapás” resultan verdaderas heroínas, mujerones que logran llevar a sus hijos al máximo nivel, con enormes e injustos sacrificios. El referente paterno como modelo de conducta debe: lograr trasmisión de valores, dar protección y seguridad emocional, así como contención afectiva, marcar límites saludables, buscar identidad y autoestima, la relación con el mundo exterior con aceptación de normas sociales y mucho más. Mi padre, ido hace décadas me legó principios fundamentales, ética, honestidad con ejemplos de vida. Añoro su presencia, el apoyo y soporte necesarios en tantísimas facetas de mi activísima vida. El, victima de las injusticias de la dictadura de Trujillo, sufrió prisión y rechazo, no claudicando en sus principios y con prudente valentía conservó escasos amigos que no le voltearon la cara cuando precisó soporte emocional de amistad sincera. En él honro a todos los padres criollos…
