Intrant y el desafío de ordenar el caos

Hay cargos que se asumen y otros que se enfrentan. La dirección del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) pertenece, sin dudas, a la segunda categoría.

Por eso, la designación del mayor general Juan Manuel Méndez al frente de esa institución sorprendió a muchos.

Durante años, Méndez estuvo al frente del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), donde construyó una imagen de funcionario disciplinado, cercano, operativo y capaz de responder en momentos críticos.

Ahora le toca algo muy distinto: enfrentar uno de los problemas más complejos y antiguos del país, el caos del tránsito y sus consecuencias.

Porque dirigir el Intrant no consiste únicamente en administrar una institución. Significa enfrentarse a décadas de malas prácticas, indisciplina, permisividad y una cultura ciudadana en la que, demasiadas veces, las normas son vistas como una sugerencia y no como una obligación.

Desde la llegada al poder del Partido Revolucionario Moderno (PRM), varios funcionarios han pasado por la dirección del Intrant. Sin embargo, el problema continúa: tapones, imprudencia, falta de fiscalización, motociclistas que circulan como dueños de las calles, conductores que ignoran las señales y las normas de tránsito. Y aquí hay una verdad incómoda: el dominicano se queja del caos, pero también forma parte de él.

Exigimos respeto a las leyes, pero muchos no respetamos un semáforo, un paso peatonal o un límite de velocidad. Condenamos la indisciplina mientras contribuimos diariamente a producirla.

Por eso, el nuevo director tendrá que tomar decisiones que no siempre serán populares. Habrá resistencia de algunos sectores y críticas desde las redes sociales, algunas nacidas hasta desde el anonimato.

Méndez deberá dirigir el Intrant pensando en el ciudadano que sale de su casa cada mañana y quiere regresar vivo.

Porque este no es solamente un problema de tránsito. Es un problema de seguridad y de vidas humanas.

La llegada de Méndez puede convertirse en una oportunidad. Su experiencia en situaciones de emergencia podría aportar una mirada distinta a una institución que necesita pasar de la reacción a la prevención.

Pero cambiar una cultura toma tiempo, autoridad, educación y perseverancia.

El reto es enorme, pero también, es la oportunidad de demostrar que la disciplina, organización y vocación de servicio que caracterizaron su gestión en el COE pueden convertirse en herramientas para enfrentar el caos de nuestras calles.

El verdadero éxito de su gestión no deberá medirse por las multas ni por los titulares. Deberá medirse por algo mucho más importante: cuántas vidas logra salvar.

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