Encrucijada

Entre los caminos a transitar, surge la indecisión de saber cuál tomar para elegir el correcto cuando se presenta ante nosotros: uno largo, lento y pedregoso, pero seguro, y el otro, corto, fácil y ligero, aunque engañoso. Ese afán constante en obtener resultados rápidos, sin el esfuerzo que se requiere, acaba pasando factura, más temprano que tarde, porque la perfección se consigue en el crisol del esfuerzo, no con la desesperación de vivir el ahora, como si no hubiera mañana y la muerte estuviera al doblar de la esquina. Oportunidades siempre habrá, esperar el momento y ocasión precisa es lo que hará la diferencia, entre la improvisación que lleva al desastre o la templanza de haber hecho lo correcto.

Ciertamente, el inmediatismo es la mayor plaga que está afectando la humanidad, cuyas consecuencias se harán sentir para el que recorre la vía sin cultivar los méritos del empeño, la disciplina y los tiempos necesarios. Lo barato llega a costar caro y todo lo que vale, cuesta. El producto podría aparentar que esté listo y que, aun saltando las reglas que solo concede la experiencia, habrá logrado su cometido, pero la vida es tan sabia como para colocar todo en su justo sitio porque siempre habrá ocasión para descubrir que aún no se había llegado al punto de cocción y que no estaba apto para ingerir. A lo mejor en el momento menos esperado quedará expuesta la improvisación del que no supo esperar y agotar los procesos ya que, al final, los retos a su cargo lo sobrepasarán y la calidad se sabrá imponer.

Una familia bien constituida se construye con perseverancia y empeño en el que cada miembro asuma el papel que le corresponde y esté dispuesto a ceder en sus preferencias por el bien mayor de la armonía general; un matrimonio exitoso solo se logra con cada miembro de la pareja aportando con su esfuerzo, sin egoísmos ni imposiciones; un buen nombre y el prestigio profesional y empresarial se siembra con evidencias de permanente constancia que demuestren con serenidad que lo que se exhibe se ha ganado a pulso porque, así como Roma no se construye en un día, tampoco la trayectoria.

Lo bueno cuesta, tiempo, sacrificio, espacio, paciencia. Lo fácil, se desvanece, con la misma rapidez con que surgió. La decisión entre uno y otro está en la conciencia de cada cual, y esa es la que acompaña a dormir cada día, para permitir que se haga plácidamente o para despertarse espantado, en medio de la noche.

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