Peticiones de Año Nuevo

Empezó el 2026, además de la lista de deseos y planes personales de cada ciudadano del mundo, hay que desear salud, paz y bienestar para toda la humanidad, especialmente a los dominicanos. Para esta tierra, bendecida por Dios, sería un ejercicio válido pedirle al todopoderoso que nos ayude a sobrellevar algunas situaciones cotidianas, porque los hombres y/o mujeres que tienen esa responsabilidad de hacer que el día a día de cada ciudadano sea mejor, han fallado.

La primera petición es paciencia para lidiar con los conductores de motocicletas, provocadores de caos en el tránsito, responsables de la mayoría de los accidentes en las vías y violadores de las leyes de tránsito, sin que ninguna autoridad haga nada. Y ya que los hombres han demostrado que no pueden, no quieren, no les importa o son incompetentes, se justificada clamar al más allá para lidiar con esa plaga.

La segunda solicitud es serenidad para escuchar sin “explotar”, las narrativas de los responsables de los asuntos públicos para justificar su incompetencia, a algunos distinguidos militantes de la opinión pública en un intento desenfrenado para justificar lo injustificable y las repeticiones de los voceros del Gobierno de que todo lo que hacen tiene la categoría de histórico.

En tercer lugar, pedir para que el tema haitiano se mantenga con el mismo manejo del último trimestre del pasado año y no regrese la fatiga por el uso de ese problema como herramienta de entretenimiento para opacar otros problemas.

Una cuarta petición es para que los funcionarios del Gobierno no traicionen la confianza del presidente Luis Abinader y respeten los bienes públicos, especialmente los recursos destinados para las áreas sensibles de los ciudadanos más pobres. Se solicita que los funcionarios también se conduelan del presidente y den la cara antes las dificultades que se presenten este año.

Un quinto pedimento y es para que a los funcionarios la luz divina les ayude a entender que sus problemas no se resuelven usando el dinero público para pagar “influencers” para que repitan lo que suena a música para sus oídos.

No es mucho lo que se pide y para Dios nada es imposible.

Te rogamos, óyenos.

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