Las expectativas extrañas del poder

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Cedo esta tribuna, para un artículo en dos entregas, al veterano escritor, economista y dirigente político Miguel Solano. Es, según mi visión al leer su texto, un trabajo que narra una realidad “muy especial” de la cotidianidad dominicana.

Aquí lo presento:

“A finales del 1994, el presidente Leonel Fernández y yo estábamos en Washington reunidos con un amigo del Departamento de Estado. Discutíamos la forma de cómo se celebrarían las elecciones presidenciales pautadas para el 16 de mayo de 1996.

Yo defendía la tesis de que con Leonel Fernández como candidato presidencial el PLD ganaría las elecciones.

El Departamento de Estado, en ese momento, no nos veía posibilidad porque nosotros teníamos un 13 por ciento de las preferencias electorales y el doctor José Francisco Peña Gómez estaba sentado por encima del 45% , llegando al 48. Al amigo en cuestión le dije: “Esas son las expectativas extrañas del poder”.

El funcionario del poderoso organismo estadounidense se quedó pensando en la frase y como ya había visto tantas cosas, nos reflexionó. Sí, ¿y qué es el bendito poder?” Tuvimos la impresión de que él nos revelaría algo. Leonel y yo guardamos silencio.

En el Departamento de Estado tenemos una historia que, cuando queremos saber quién tiene el poder, nos las contamos los unos a los otros. Ocurrió cuando Reagan era presidente:

Un día Reagan está en la oficina Oval de la Casa Blanca, hablando con el general ruso, jefe del ejército rojo. Y suena la línea roja, una línea que el Presidente no está autorizado a ignorar su llamado, pero Reagan, para demostrarle al ruso quien tiene el poder, la ignora.

La línea roja suena tres veces y se silencia. El general y Reagan siguen hablando y la línea vuelve y suena. Reagan vuelve y la ignora. La línea luego de tres sonidos vuelve y se silencia. Reagan continúa su conversación con el general ruso y la línea vuelve a sonar.

El general, conociendo el protocolo y consciente de que el llamado de esa línea no puede ignorarse, autoriza a Reagan tomar el teléfono.

Reagan, para que el ruso supiera que él tenía el poder y podía seguir ignorando la llamada, levantó el aparato y con más desganas se lo pasó al ruso diciéndole: “es para usted”.

Cuando Franklin Almeyda fue nombrado ministro de Interior y Policía, rentó un apartamento en Jardines del Embajador y se mudó ahí”. Continuará.

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