Mensaje al final de Navidad

El papa Francisco es la persona que más admiro. Sus enseñanzas llegan a la gente. Sin dudas, es el líder que más inspira confianza en el mundo. No importan las condiciones religiosas, políticas o económicas de las naciones, cuando Su Santidad las visita o les habla, lo escuchan con respeto y atención.
Recientemente, durante un mensaje a los miembros de la curia, refiriéndose a la fiesta de Navidad, expresó lo siguiente: “Es también para cada uno de nosotros un momento de reflexión y de revisión, para que la luz del Verbo, que se hace carne, nos haga ver cada vez mejor quiénes somos y cuál es nuestra misión”.

En todo período nos ocurren cosas buenas y malas, de las que somos responsables por comisión u omisión. Nuestras conductas definen generalmente los resultados. Dentro de nuestras limitaciones, debemos siempre aspirar a ser buenos ciudadanos y cumplir nuestros deberes. Eso nos llena de paz. Aquí radica la verdadera riqueza.

Sugiero en esta época cuestionarnos en seis áreas vitales: la espiritual, la familiar, la de servicio a los demás, la relacionada con la amistad, la laboral y la de superación personal por medio del estudio. Así las cosas, me permito hacer algunas preguntas.

Si teníamos metas este año: ¿fueron las mismas logradas? ¿En qué tuvimos éxito? ¿En qué fallamos? ¿Cuáles fueron las razones para nuestros triunfos y derrotas? ¿Qué debemos hacer o no hacer? ¿Cuál debe ser nuestro comportamiento en determinadas circunstancias? ¿Fue adecuada la forma en que enfrentamos las adversidades y en la que nos comportamos con las victorias?

Busquemos en esta Navidad nuestros momentos de soledad, quizás mejor en un ambiente natural, sin bullicio y pensemos cómo podemos ser mejores personas en el año 2022 y la manera más adecuada de ayudar y comprender a los demás, especialmente a los que están a nuestro lado, que de esos no pocos se olvidan.

Y estemos seguros de que nuestro avance como personas redundará, en alguna medida, en tener una patria más justa, que debe ser nuestra meta. En el mensaje mencionado, el papa Francisco apuntaba: “Los humildes y los preocupados no sólo por el pasado, sino también por el futuro, saben mirar hacia delante, extender sus ramas, recordar el pasado con gratitud. Los orgullosos, por el otro lado, simplemente repiten, se vuelven rígidos y se ven enclaustrados en esa repetición, sintiéndose seguros sobre lo que saben y temerosos de cualquier cosa nueva porque no pueden controlarla”.

Aprovechemos la Navidad, que casi finaliza, para encontrarnos a nosotros mismos y para ser útiles al prójimo. Y que nos mantengamos así durante todo el año que pronto llega y más allá, que para lograr los objetivos debemos ser perseverantes.

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