En la crisis haitiana, en una esquina están los que piden que se les expulse del país sin contemplación en su condición de ilegales y en la otra, los que imploran que les respeten los derechos humanos y los dejen permanecer porque se necesitan en la agricultura y la construcción. Por un lado, se exige que se encarcele a los delincuentes y se les aplique todo el peso de ley y por el otro, que se les respete la presunción de inocencia y se les haga un juicio justo. Muchos claman para que se corrija el tránsito, mientras otros se quejan por las medidas que finalmente se aplican porque no resuelven nada.
¿Qué es mejor, la abstención para que no haya críticas o la ejecución para igual provocarlas? No hay forma de mantener a todos conformes en los grandes retos y problemas nacionales, bien por las decisiones que se llegan a tomar, por las que no o por las consecuencias de tales elecciones. Aquí ocurre como la fábula de Esopo del molinero y su hijo que un día caluroso se dirigen a la ciudad a vender un burro. En el camino se encuentran con unas señoras que los critican por estar caminando y les recomiendan al padre montar a su hijo sobre el animal, lo que aceptó. Cuando siguen avanzando, se topan con una anciana que recrimina al joven por dejar a su padre a pie, entonces, estos deciden acceder e intercambiar puestos. No bien habían avanzado, cuando un caminante les sugirió subir ambos sobre el cuadrúpedo para que no se cansaran, recomendación que acogen con beneplácito.
Apenas habían recorrido un trecho cuando, más adelante, aparece un labrador que los acusa de abusar del animal; ellos le explican que se dirigían a venderlo, por lo que su interlocutor les advierte que nadie compraría una bestia maltratada. Convencidos con ese razonamiento, optaron por cargarla, mereciendo por ello las burlas de otros transeúntes porque ¿a quién se le ocurre cargar a un burro y no usarlo en su provecho, anteponiendo su comodidad a la del animal?
Por tanto, siempre habrá alguna opinión, no hay forma de que el capitán complazca a toda la tripulación, tanto si rema como si deja de hacerlo, solo le tocan las quejas por sus acciones, pero también por sus omisiones, lo que sí es cierto que mantenerse a la deriva para complacer a unos cuantos es tan fatal como dejar que el barco se hunda, esa opción puede que deje a varios satisfechos, pero igual a todos ahogados.
