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Manuel Fermín, mi viejo amigo, escribió un trabajo -con datos no creíbles- en el que se “vuelca” en elogios sobre la figura de Joaquín Balaguer y su terrible historia como Presidente de la República.

Fermín, entre otras alabanzas, escribió: “La pasión de Balaguer fueron la soberanía, los recursos naturales, los pobres y el desarrollo integral e inclusivo sin caer en pasiones de nacionalismo ideológico ni religiosos”.

Pero como los hechos (tangibles) no pueden ser ignorados por la historia, quienes vivimos en ‘’carne viva” las barbaridades y el acentuado salvajismo balaguerista, podemos testificar que la sociedad dominicana, durante los nunca olvidados 12 años, vivió una angustiosa realidad que dejaba bien claro un Estado fallido.

Balaguer dirigió con manos de acero y de manera absolutista, un régimen que abarcó tres largos y angustiosos períodos (lapso de 1966-1978) en el que no les dio tregua a quienes luchaban por una auténtica democracia tras el derrocamiento, el 25 de septiembre de 1963, del gobierno constitucional y progresista de Juan Bosch.

Ningún representante del balaguerismo resistiría en un debate público y escuchar el testimonio histórico que norma la verdad del endemoniado gobierno encabezado por quien puede llevar este mote: “El Déspota Dominicano del siglo XX”.

Asimismo, es de alta significación precisar que, como lo ha citado en innúmeras ocasiones la prensa nacional, uno de los crímenes de Estado que marcaron al régimen de Balaguer se registró el 17 de marzo de 1975…fue el horrendo asesinato del estelar periodista Orlando Martínez.

Hay que insistir -a propósito del cruel crimen que produjo consternación en todos los segmentos de la población dominicana- en el cinismo del viejo caudillo que lo insertó en su obra Memorias de un Cortesano.

Se refirió a la famosa página 295, “en blanco”. Textualmente escribió: “Esta página se inserta en blanco. Durante muchos años permanecerá muda, pero un día hablará”.

Como se sabe -a casi cincuenta años de la advertencia de Balaguer- la tan cacareada “página en blanco” todavía sigue muda lo que evidencia, a veinte años de su desaparición física, el cinismo que lo caracterizó en su vida política.

Y es que el viejo caudillo (líder histórico del Partido Revolucionario Social Cristiano), además de dirigir un gobierno terrorista y violador de los derechos humanos, sin nunca respetar las normas democráticas; también fue un mitómano.

Balaguer se creía sus propias mentiras que con asiduidad se las decía a los periodistas cuando éstos eran convocados a una conferencia de prensa.

Continuará…

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