¡Quédate!

Sucede que sin deseos de parecer insensibles al dolor ajeno, les lastimamos. Pedirle a alguien que vive su momento más vulnerable que “sea fuerte” parece correcto, pero no tiene sentido en un escenario así. Es semejante a decir “ánimo” a quien deberías animar, o decirle “resiste” a quien busca donde caer, o “no llores” a quien literalmente necesita explotar. Solo quienes no han vivido esto se atreven a equivocarse así. Porque quien no entiende el dolor cree que ser fuerte es semejante a tomarse un calmante. Pasa mucho en los mortuorios. La empatía nunca debe sonar como indiferencia, mucho menos como ignorancia. La fuerza comienza a surgir cuando ponemos el hombro, escogemos palabras y omitimos gestos torpes o tradicionales. Florece en un “te amo” oportuno y sincero, sostiene en ese “cuenta conmigo” y se queda cuando no te vas.

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