Finalizando Levítico 13, leemos: “En cuanto al leproso, el que tiene la llaga, portará las ropas descocidas y su cabeza estará descubierta y hasta el bigote habrá de cubrirse, e ¡Impuro! ¡Impuro! habrá de proclamar” (Levítico13:45). El proceso de purificación de la lepra requería remover al afectado de la comunidad. Allí, en lugar de mirar males ajenos, como hasta ahora, se enfocaría en reconocer los propios. La lepra hace sentir en carne propia lo que ya no podemos sostener interiormente, exponiéndonos vergonzosamente. Hay cosas que cubrimos con el materialismo, la arrogancia, el elitismo, los títulos y otras carencias. Sin embargo, cuando Jesús sanó aquellos 10 leprosos la piel se les limpió completamente, pero aquel cuya alma era ingrata de no se dejó tocar profundamente por el maestro.
