Súbete al pedestal

Creemos que estar molestos y ofender a otros, sangrar sobre ellos, hacerles sentir lo que sentimos o darles su merecido nos ayuda a superar lo que nos pasa. Por tanto la cordura nos exige examinar nuestras emociones, actitudes y decisiones. En vez de superar una situación o lo que vivimos con alguien terminamos rebajando nuestra imagen a lo que no somos ni debemos ser de ningún modo. ¿Por qué hacer que gente que tiene el concepto correcto de nosotros sea sorprendida por un arrebato impertinente? ¿Por qué decirle a alguien que yo puedo ser tan malo como él, tan orgulloso y arrogante, tan indiferente y tan necio? ¿Para qué rebajarme a lo que no soy, quién merece tanto de nosotros? Toda altivez lleva a la humillación pero toda humillación es un pedestal a la exaltación divina.

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