Aplaudidores, animadores, expertos mostrando apoyo que se coloquen detrás del líder para afirmar con la cabeza cada vez que hable. Creadores de tumultos, portadores de pancartas, agitadores profesionales, ocupantes de espacio que formen una multitud para aparentar popularidad con la consigna elegida. Doñas añosas (preferiblemente desdentadas) para anuncios políticos con abrazos y saltos de alegría incluidos (altamente cotizadas en tiempos de elecciones); damas bien maquilladas con collar de perlas incluido y sin una gota de sudor que realicen anuncios de detergentes, sazones y artículos del hogar para seguir fomentando la cultura machista.
Alzadores de manos, lloradores en velorios cuando el deudo no tenga muchos dolientes (talvez, sus amigos se fueron primero, a lo mejor nadie lo conocía, o ambas a la vez). Funcionarios recién nombrados que en un dos por tres se convierten en expertos de su ministerio. Mujeres en rolos y redecillas para agitar calderos en las calles y protestar por el alto costo de la vida, el arreglo de una calle o un acueducto. Niños panzuces en pañales para babosear candidatos y luego, salir en fotos riéndose con sus únicos dos dientes. Tigres fortachones para desbaratar fiestas y separar borrachos que de solo verlos provoquen que todo el mundo se comporte. Ofertadores insistentes de productos bancarios a horas inapropiadas que ganan al cliente por cansancio. Predicadores de a pie a los que no vale decirles que se es devoto de la virgen y seguidor del papa.
Parqueadores impertinentes para quienes los conductores son sus papás; señoras que sobrepasan los 50 dispuestas a mantener a un joven; señores maduros adinerados con una a la que le triplican la edad. Madres que se apuntan en todo lo del colegio porque no tienen vida propia, jóvenes que se pasan el día en un gimnasio más que en la universidad con ropa deportiva todo el tiempo. Cantantes frustrados que se desahogan en un karaoke, vecinas de barrio bochincheras fanáticas de las novelas turcas y llevadoras de vidas ajenas.
Trabajadores de la construcción piropeadores; solteronas amargadas con muchos gatos haciéndole compañía, viudas alegres liberadas del marido controlador, rezadores del rosario que se creen salvas y curas de pueblo con prédicas interminables. Conductores calmosos, aunque cambie la luz del semáforo o sepan que otro los está esperando para parquearse en su lugar. También, se busca gira que siempre tiene tiempo para pasear con el que llega. Diabéticos que comen dulces escondidos y gordos con ropa ajustada porque se creen flacos. Camine cualquier cuadra y, a la vuelta de la esquina, sin mucho esfuerzo, lo encontrará.
