Austeridad radical

Reducir solo el 50% de los fondos a los partidos resulta insuficiente. Si estas estructuras cuentan con financiamientos alternos que alimentan la compra de votos, la medida debe ser radical y total. Es imperativo desinfectar el sistema electoral de su dependencia del erario. El país no requiere ajustes superficiales ante la crisis, sino una voluntad política firme que se atreva a desmantelar privilegios históricos. Solo mediante una reestructuración profunda, se podrá garantizar la supervivencia económica y la soberanía institucional. No es momento de parches sino de una austeridad real que ponga fin al financiamiento público de una clase política desconectada de la realidad social.

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