La misión Artemis II marca el regreso humano a la órbita lunar después de medio siglo. Estados Unidos coloca nuevamente astronautas bajo la gravedad lunar y China avanza desde otro ángulo, primero consolidó su propia estación espacial y ahora acelera su programa tripulado, aunque aún no ha logrado enviar taikonautas a la Luna. Ese contraste revela la verdadera disputa tecnológica del siglo. Washington apuesta por la visibilidad y el simbolismo lunar; Pekín, por la acumulación silenciosa de capacidades. Artemis II demuestra liderazgo, pero también la urgencia de mantener ventaja en un tablero donde China no compite por llegar primero, sino por quedarse para siempre.
