La independencia del Poder Judicial sgue siendo uno de los pilares más cuestionados en la institucionalidad dominicana. Aunque existen jueces y fiscales honestos y capaces, la forma en que son designados compromete su autonomía. Abogados litigantes denuncian ser testigos y víctimas de fallos dictados bajo la sombra de sobornos, lo que erosiona la confianza en la justicia. La paradoja es evidente: ministerios públicos y jueces corruptos someten y juzgan a otros corruptos, perpetuando un círculo vicioso en las más altas instancias. Sin una reforma profunda que garantice independencia real, la justicia seguirá siendo rehén de intereses políticos y económicos.
