Todos tenemos cosas importantes que no las comunicamos ni consultamos con la esposa, hijos ni amigos ni mucho menos con los padres. Pero cuando ese silencio esconde dinero sucio o de corrupción, el daño es irreparable. Muchos creen que ocultar sus negocios fruto de acuerdos ilícitos o hijos fuera del matrimonio, protege a su familia, pero es todo lo contrario. Cuando estalla el escándalo, los seres queridos son los primeros en sufrir la vergüenza, el rechazo social y el peso de la ley. Ese “secreto” destruye apellidos y amistades, y deja a los hijos destrozados. Actuar a espaldas afecta la ética de todo un país y demuestra que la ambición desmedida siempre termina rompiendo lo más sagrado, la familia.
