No quiero que el PRM me vea como un crítico de oposición. Yo lo que quiero es hacerlos pensar sin compromiso de aplaudir los disparates. Abinader es hijo de un amigo y quiero que le vaya bien. Pero la democracia permite la disidencia y por lo tanto yo tengo derecho a hablar y decirlo: “No me gusta cómo vamos”. Porque hay mucha incertidumbre, y Luis no lo ha percibido. Algo tan sencillo como que uno no sabe ni a qué hora debe salir para poder llegar temprano a cualquier cita, genera un estado de ansiedad colectivo que provoca estallidos sociales. Luis debe concentrarse en generar confianza.
