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Los juegos de Trump con Asia. El caso de Japón y China

El primer mandatario de país extranjero que se reunió con Donald Trump en su lujosa torre a solo unos días de ser electo presidente de los Estados Unidos fue Shinzo Abe, Primer Ministro de Japón y principal aliado del expresidente Obama en Asia para&#

El primer mandatario de país extranjero que se reunió con Donald Trump en su lujosa torre a solo unos días de ser electo presidente de los Estados Unidos fue Shinzo Abe, Primer Ministro de Japón y principal aliado del expresidente Obama en Asia para las negociaciones del megaacuerdo de libre comercio conocido como TPP.Les recuerdo, estimados lectores, que es este justamente el acuerdo del que Trump, en su tercer día en la Casa Blanca, firmó una orden retirando a los Estados Unidos de su partenariado, dando cumplimiento así a una promesa que había mantenido durante su campaña.

Luego de la visita de la Primer Ministro Británica Teresa May, Shinzo Abe regresa a los Estados Unidos ayer viernes como el segundo líder mundial que se reúne en visita oficial con Donald Trump. En esta ocasión se prevé no solo una entrevista oficial, sino también el disfrute de las suntuosas instalaciones de Mar-a-Lago, el club privado de Trump en Florida, en donde jugarán incluso un partido de golf.

A dos horas de que el avión del premier Abe tocara suelo norteamericano el presidente Trump se comunicaba por la vía telefónica con el presidente chino Xi Jinping en una conversación que servía para acercar a ambos países al terreno del diálogo pues, por primera vez Trump le comunicaba a China que su gobierno respetaría la política de “una sola China”.

Esta nueva postura de Trump representa la negación a lo que personalmente había expresado con relación a este principio, sobre todo luego de una conversación telefónica que sostuvo el día posterior a su triunfo en las elecciones del pasado 8 de noviembre con la presidente taiwanesa Tsai Ing-wen.

Es interesante lo que significa todo esto. Por un lado Japón, principal aliado de los Estados Unidos en esa parte del planeta y primera economía de los países del moribundo TPP viene a Washington movido, es de suponer, por motivos muy claros en cuanto a lo que se refiere al fortalecimiento de las relaciones bilaterales en materia de comercio, defensa mutua e inversiones.

De hecho, justo ayer la empresa de autopartes nipona Nishingo anunciaba la suspensión de sus planes de invertir en una nueva planta en México, lo que podría suponer que esa inversión podría hacerse en suelo norteamericano.

Podría estar Abe incluso gastando en este viaje su último esfuerzo para hacer que Trump reconsidere su decisión de apartar definitivamente a su país del TPP, lo que daría a Japón la oportunidad de potenciar su economía basándose en uno de los principios de la estrategia económica del Shinzo Abe denominada “Abenomics” que consiste en mirar hacia afuera con el fin de romper paulatinamente monopolios internos y crear empleos apoyados en inversión extranjera. Definitivamente esto además le garantizaría a los Estados Unidos una victoria geoestratégica y política importante en Asia.

Japón podría estar interesado en impedir que el vacío que deja Trump al abandonar el TPP sea aprovechado por China para impulsar negociaciones de su proyecto de Asociación Económica Integral Regional (RCEP), un tratado que incluiría a 16 países en Asia-Pacífico y que colocaría a China como el adalid del libre comercio aumentado por demás su influencia política con los países miembros del ASEAN y con los seis adicionales con los que estos mantienen acuerdos de libre comercio, como son Australia, Nueva Zelanda, Corea, Japón, India.

Dirán ustedes que la retirada de Estados Unidos del TPP es ya una decisión tomada sin embargo, ¿acaso no ha dado un giro de 180 grados Trump con respecto a su posición ante China frente a Taiwán y su apoyo y reconocimiento ahora a la política de una sola China? O ¿se han puesto a pensar que cuando Trump firmó el veto migratorio para siete países de seguro estaba consciente de que efectivamente ese decreto iba a ser combatido y suspendido por el poder judicial de su país como actualmente sucede? O incluso, ¿no podría ser el famoso muro en la frontera con México tan solo una amenaza que nunca se cumpla y que solo buscaba la renegociación del TLCAN o NAFTA?

Por otro lado, para China ha sido importante que se produzca esta llamada justo antes de que Abe aterrizara en los Estados Unidos. El solo hecho de que Washington y Pekín acerquen posiciones acerca de principios innegociables de la política china representa un triunfo para Xi Jinping.

De hecho, es China el país con el que los Estados Unidos mantiene el intercambio comercial más deficitario, que en el 2016 representó la suma de 347,000 millones de dólares en favor de Pekín. Esto es más de seis veces el déficit que presenta con relación al intercambio comercial con México, con la diferencia de que no existe un acuerdo comercial entre Estados Unidos y China como el TLCAN o NAFTA, por lo que pelear con China no es una opción inteligente.

Adicionalmente, esta conversación podría predisponer mentalmente a Trump con respecto a los temas a negociar con Shinzo Abe, pues tendrá que poner en una balanza lo que puede contribuir Japón a evitarle a los Estados Unidos en Asia a lo que puede ofrecerle China tal vez en su mismo territorio o en futuros posibles frentes en Medio Oriente o incluso en sus relaciones con Rusia.

Por su parte, el presidente Trump hace gala de su olfato empresarial al tantear objetivamente y en el momento oportuno las posiciones tanto de China como de Japón, a sabiendas de que son estos dos los países que sirven de contrapeso estratégico en Asia. Sin embargo, debe tener en cuenta que no es lo mismo el pensamiento político latinoamericano al que por milenios ha caracterizado a los orientales en todos los órdenes.

Estoy seguro de que aun cuando el Primer Ministro Abe ha mencionado que confía en Trump, la naturaleza del pensamiento japonés debe estarle haciendo dudar de ese convencimiento. Es normal que en cualquier negociación se presione a la contraparte para lograr avances positivos de acuerdo a los intereses del negociador. Sin embargo, ello no puede significar la ausencia de límites.

Celebro que el presidente Trump se comience a entender con los líderes de Asia. Sin embargo, continúo pensando que hace falta mucha buena fe al liderazgo político norteamericano en esta época. De hecho, de la buena relación de los Estados Unidos con China y Japón depende mucho la estabilidad en toda esa zona y, de seguro lo sabe Trump, depende también que los Estados Unidos continúe siendo la potencia mundial que es hoy.

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