56 horas en Bogotá

El centro del movimiento colombiano se da en esta cosmopolita y divinamente caótica ciudad. Ha llegado al top de las ciudades preferidas por los dominicanos viajeros para pasar unos días, y sin duda será también uno de los predilectos para recibir&#82

El centro del movimiento colombiano se da en esta cosmopolita y divinamente caótica ciudad. Ha llegado al top de las ciudades preferidas por los dominicanos viajeros para pasar unos días, y sin duda será también uno de los predilectos para recibir el año. 

El frío de sus días (incluso de los más cálidos), te dan la entrada a una experiencia totalmente distinta a la de República Dominicana, a pesar de que hablamos el mismo idioma. Los colombianos me parecieron las personas más amables y respetuosas del mundo (ya entiendo por qué muchos literalmente se enamoran de ellos).

La primera parada obligada para el turista es sin duda alguna el Cerro Monserrate. Se trata de un lugar donde las energías del espíritu se cargan, y además, puedes apreciar Bogotá desde 3.152 metros sobre el nivel del mar. La comida, los mercaditos de souvenirs, incluso de bebidas contra la altura como el te de coca, respaldarán tu visita a este santuario de paz y de conexión con Dios.

Al bajar de Monserrate puedes dirigirte hacia el Museo del oro. Lo que verás allí te dejará boquiabierto. ¿Cómo podían los indígenas elaborar piezas tan precisas sin ayuda de ninguna maquinaria? El intelecto de los primeros colombianos queda en evidencia en este museo, y por supuesto, también las riquezas con las que cuenta la isla.

En el mismo museo puedes aprovechar un rico almuerzo en Patria, un restaurante de gastronomía colombiana donde podrás probar patacones, la famosa bandeja paisa (una versión maxi de nuestra bandera, pues incluye más cosas como un huevo frito) o el ajiaco, la típica sopa bogotana. Al salir puedes dar un paseo por el casco viejo de la ciudad y apreciar las instalaciones del gobierno.

 

Tour gastronómico

Al terminar el recorrido turístico, puedes disfrutar de la gastronomía gourmet en la famosa zona G. En mi caso, hicimos “restaurant hopping”, y la verdad es que valió la pena.

Ocus Pocus (@ocuspocusbogota), el primer spot, me pareció un lugar súper jovial y excelente para comenzar el recorrido con unos traguitos y mini burgers. La segunda, y obligada para los amantes de la gastronomía, es Criterión (@criterionbogota), de los hermanos Rausch, que este año ocupa el puesto número 18 de los 50 Best Restaurants de Latinoamérica. El fondue de aceite de trufas y hongos es literalmente un orgasmo al paladar. ¡Si vas tienes que probarlo! Puedes terminar la noche con un café en Starbucks (sí, aunque no lo creas allí también es muy popular esta cadena).

 

Mi top 1

Tengo que decirlo, mi gran favorito fue Rural (@ruralcocina), un restaurante relativamente nuevo, pero que mantiene el concepto de su nombre, tanto en ambiente como en gastronomía. No puedo mencionarles algo que no me gustara de este lugar. Un homenaje a lo rústico donde probé por primera vez un refresco de Lychee. Y como había cambio de chef, fui la primera en degustar un postre que pronto estaría en el menú: el tiramisú más rico y suave que jamás haya probado. El pescado crocante con maíz acompañado de habichuelas negras, cebolla roja y tomate se lleva un 12 en la escala del 1 al 10.

Noches de fiesta

Para la rumba, la zona T es lo más hot. Aunque por supuesto, la verdadera rumba, y la parada obligada, la encontrarás todos los días en Andrés D.C. Lo que vivirás allí deleitará todos tus sentidos: comida rica, buen ambiente y más de tres de pisos de puro arte colombiano. Es como un mundo surreal donde sin duda querrás quedarte. Mis recuerdos y souvenirs prácticamente los traje de todo de Andrés, seguro también querrás hacer lo mismo.

Si cuentas con más tiempo, date un viajecito a Chía (de más o menos una hora), y haz la parada en el primer Andrés Carne de Res, el más famoso y por el que muchos vuelven una y otra vez a Bogotá.

 

¿Dónde quedarse?

Yo me quedé en el W, que es ¡espectacular! La vista de la ciudad, las distintas áreas… hasta el ascensor te invita a la modernidad, y por qué no, a la fiesta. Recomendado cien por ciento.

En las noches el bar es un must, incluso para los locales. Si te mueres por probar el café colombiano, en la habitación encontrarás uno de nombre bastante peculiar: Amor Perfecto

Pura moda

Por supuesto, no pudimos despegarnos de la moda. ¡Ahora que escribo, es maravilloso lo que se pudo hacer en poco tiempo en esta ciudad! Para el recorrido de moda, ProColombia contrató los servicios de Chic Tours, comandado por Marion Vall de Ruten (@chictours), quien te diseñará experiencias de lujo, desde moda o gastranomía, hasta arte.

Para la tarde Marion preparó una visita guiada a los atelieres de Isabel Henao y Julia de Rodríguez, dos de los nombres femeninos más famosos de raíces bogotanas. En el caso de Isabel, podrás encontrar piezas dignas de cualquier pasarela de Alta Costura, pero que podrás llevar en el día a día. Julia trabaja las pieles de una forma magistral. Allí pudimos apreciar gran parte del proceso de elaboración y creación de su colección para el próximo año.

Si ya lo que quieres es algo más masivo y te apasiona el mercado de las pieles, el calzado y los bolsos, la  IFLS (International Footwear and Leather Show es para ti). Es el punto de encuentro de expositores y compradores al por mayor de todo el mundo. La propuesta va desde calzado listo hasta los materiales para crearlo tú mismo, e incluso las maquinarias. En esta ocasión se trató de la exhibición para los calzados de primavera-verano 2016. La próxima apuesta se dará en febrero de 2016 en Corferias

Catación Pública

Esta experiencia merece un aparte. Sencillamente porque ha sido una de las más fascinantes de mi vida. ¿Quién diría que el café podría hacer eso? En Bogotá hay diversos lugares para catar este sabroso líquido, pero no me cabe la menor duda de que me llevaron al mejor. Mi vuelo de regreso a casa salía ese día en la tarde, por lo que aprovechamos la mañana. Mi guía, Marcela Ortiz, y yo nos dirigimos a Catación Pública alrededor de las 8:30 a.m., para estar en punto a su apertura a las 9:00 a.m. Allí fuimos recibidas por su dueño, y quien sería nuestro “profe”, Jaime Duque. Antes de arrancar, Jaime nos dio a probar café de distintas denominaciones de Colombia, acompañados de un desayuno riquísimo colombiano, aunque lo que más recuerdo es el pan de auyama, que estaba delicioso (era de Abasto, un restaurante ubicado en la misma calle de Catación Pública, y que da la impresión de un granero moderno). Tras ello iniciamos la cata. En resumen, Jaime nos explicó que el 90% del proceso de hacer buen café está en la temperatura del agua, que en nuestro país debe de ser a 97 grados farenheit, razón por la que al colarlo en greca casi siempre se quema, lo que da ese sabor amargo y casi ahumado, y por lo que tenemos que echarle mucha azúcar. De hecho, cuando bebes un café bien elaborado, no hay necesidad de endulzarlo. Lo ideal es consumirlo recién molido (en amazon hay moledores desde los US$10) y el french press (que es lo mejor para “colarlo”, lo encuentras también en amazon arrancando desde unos US$17.

Si vas a Bogotá, no puedes dejar de vivir esta experiencia. Ahora bien, si no eres amante del café, desde ese día comenzarás a serlo.

 

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