Mohammed Morsi gana presidencia de Egipto

EL CAIRO (AP) — Comisión electoral de Egipto anuncia que el islamista Mohammed Morsi ganó la segunda ronda presidencial.

EL CAIRO (AP) — Comisión electoral de Egipto anuncia que el islamista Mohammed Morsi ganó la segunda ronda presidencial.

La segunda vuelta del 16 y 17 de junio entre Orsi, candidato de la Hermandad Musulmana, y el último primer ministro de Hosni Mubarak, Ahmed Shafiq, había dejado a los egipcios con una tensa incertidumbre durante una semana.

Una enorme multitud de partidarios de Morsi, reunidos en la plaza Tahrir de El Cairo, estalló en aplausos y bailes cuando la televisión leyó el resultado en vivo. La segunda vuelta del 16 y 17 de junio entre Orsi y Shafiq había dejado a los egipcios con una tensa incertidumbre durante una semana.

Antes del anuncio, las autoridades desplegaron fuerzas de seguridad adicionales en las calles de la capital y cerca de instituciones importantes.

La Policía recibió órdenes de usar la fuerza frente a cualquier intento de violar la ley.

Las tensiones en el país aumentaron el temor de nuevos brotes de violencia política, pues ambos candidatos se atribuyeron el triunfo antes del anuncio oficial. Muchos egipcios apoyaron a Morsi con la esperanza de finalmente librar al país del viejo régimen.

Los simpatizantes de Shafiq lo consideraron el mejor candidato para contrarrestar a los islamistas y restablecer la estabilidad en el país.

Egipto lleva más de un año con protestas multitudinarias entre una creciente inquietud por la delincuencia y la situación económica después de la revolución de 18 días que obligó a Mubarak a renunciar el 11 de febrero de 2011.

Morsi es miembro de un grupo islamista fundamentalista reprimido por mucho tiempo, lo que abrirá una pausa en las seis décadas de gobierno militar.

Se teme que el nuevo presidente será débil si la junta militar mantiene un control firme. Los militares han prometido que entregarán el poder a un gobierno civil el 1 de julio.

Los líderes de la Hermandad Musulmana, junto con grupos revolucionarios, temían un posible fraude electoral de los militares y habían advertido de «una nueva revolución» si su candidato no era declarado ganador.

Por su lado, los generales de la junta militar acusaron a los islamistas de atizar la tensión y amagaron con reprimir cualquier hecho de violencia de cualquier grupo insatisfecho con el resultado electoral.

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