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Actas tardías, pruebas de vida

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Cuando en el año 2008 fui evaluado por la Dirección de Recursos Humanos de la Junta Central Electoral, previo a mi posibilidad de ingresar al cuerpo, una de las funcionarias me solicitó que relatara cuál sería mi principal interés al servirle a esa institución . No vacilé en responderle que me sentiría satisfecho si ayudaba a reducir la cantidad de personas, sobre todo niños y niñas que nunca habían sido declarados en el Registro Civil. Viví en el sur ese tremendo drama de generaciones de familia sin documentos que venían desde el tatarabuelo. Gente que no pudo estudiar, que no pudo casarse legalmente, que no tenía una cuenta de banco, que ni siquiera podía recibir la Tarjeta Solidaridad del Gobierno. Para ese tiempo el tema no era de preocupación masiva, pero desde la JCE se iniciaban algunos programas para que estas personas “existan”. Con el paso del tiempo y como si los principales funcionarios leyeran mi relato de “cómo yo quería aportar a la causa”, me integraron a una comisión especial, bajo la dirección de la doctora Brígida Sabino Pozo, encargada de la Unidad de Declaraciones Tardías, que nos llevó a recorrer el territorio nacional. Era una campaña motivacional para que las iglesias, las asociaciones de productores, organizaciones no gubernamentales, Alcaldías y Juntas Distritales, centros escolares, en fin, organizaciones de la comunidad, ayuden a localizar a estos niños y niñas que no tenían actas de nacimiento. Porque el acta era su prueba de vida. También ubicábamos a personas adultas que aunque tenían cédulas, no estaban asentados en el Registro Civil. Incluso teníamos en nuestras manos una ayuda legal para esos fines que había sido aprobada en el Congreso como “ley de amnistía”, facilitaba el proceso por edades. Eso fue una experiencia maravillosa. La campaña contó con la asistencia del Banco Mundial y el Plan Social de la Presidencia. Se le dio un buen golpe al problema del subregistro, pero no fue suficiente. Por eso ahora, cuando en el Palacio Nacional, el presidente de la República Danilo Medina y el presidente de la Junta Central Electoral, Julio César Castaños Guzmán, anunciaron la firma del convenio para eliminar no solo las cifras de niños y niñas sin declarar, sino garantizar que de nuestros hospitales y maternidades toda criatura nazca con su “acta debajo del brazo”, sentí una enorme alegría. ¡Que así sea!