Una obligación

Siempre me ha preocupado y no negaré que me ha causado un profundo malestar e indignación el que personas dotadas de conocimientos y capacidades para convertirse en orientadores de sus conciudadanos, por conveniencia, por resentimientos, malquerencias, intereses económicos, por colocarse del lado del amo al que en determinado momento estén sirviendo, se prestan a desinformar a la sociedad, mienten en temas elementales, no les preocupa aparecer como ignorantes ante aquellos que al igual que ellos dominan el tema. Con pasmosa desvergüenza acomodan, para provecho propio o de sus socios o jefes, términos, y hasta leyes para justificar, muchas veces lo injustificable.

Los medios de comunicación están llenos de ejemplos, pues estos recogen las declaraciones de quienes consideran las fuentes indicadas para edificar al público. Cada vez más, personas instruidas exponen el mismo tema, sin embargo, cada uno le da el sentido e interpretación que le sea conveniente a sus intereses.
Esto predomina en la política y está de más decir a qué se debe, pues todos sabemos que esta mueve muchos intereses. Es una pena cuando personas que tienen la oportunidad de expresarse a través de los medios de comunicación o las redes sociales, utilizan estas para profundizar la ignorancia en temas que son de interés nacional y que mucha gente se preocupa por entender.

Da pena que no les importe confundir aún más. Es ahí donde no puedo ocultar mi indignación, cuando aquellos que tienen la oportunidad de contribuir con la edificación de una sociedad mejor informada y orientada en aquellos temas que, no son de su dominio, prefieran faltar a su responsabilidad, solo por conveniencia. Estar a favor o en contra de alguien es un derecho que le asiste a cada cual, a lo que nadie tiene derecho es a mentir, demeritar, calumniar, por el sólo hecho de dañar a quien no les agrada.

Me da pena y vergüenza cada vez que a través de las redes sociales algunas personas se descalifican a sí mismos mostrando un odio visceral por otro individuo, un sentimiento que es solo concebible en las almas pequeñas, incapaces de evolucionar. Personas a las que solo las mueve el resentimiento, sepultan la verdad y con ella su credibilidad y el poco respeto que pudieron haber obtenido antes de dejar caer sus máscaras.

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