Para que el turismo tenga futuro

Las decisiones del Gobierno para contener o moderar la expansión del virus COVID-19, y amortiguar el impacto en la economía tienen un alcance de corto plazo. Esto se explica porque todavía no está claro para nadie el tiempo crítico y la magnitud del impacto económico y social. Aun para la mayoría de las interrogantes que nos plantea la crisis no existen respuestas.
Es el caso del turismo. Se dice que estamos ante una crisis sanitaria sin precedentes, y es cierto; que, desde la Segunda Guerra Mundial, ninguna situación había sacudido el planeta de esta manera y en tan corto tiempo; y también es cierto. Esta afectado el comercio mundial, el transporte aéreo y marítimo, la producción industrial el intercambio comercial, el movimiento transfronterizo de personas y por tanto el turismo, también el turismo interno. Una problemática sanitaria nunca vista.

Como medidas de choque, la estrategia gubernamental se explica. Pero qué sigue más allá de mayo. Es de suponer después de este inicio, con más información y conocimiento sobre lo local y lo internacional, levantaremos la mirada hacia un horizonte más lejano. Esto es válido para el sector turismo, que ha mostrado capacidad de reacción rápida, es uno de los principales soportes del dinamismo que exhibe la economía, y tiene encadenamientos productivos con casi todos los demás sectores económicos.

Los estudios sobre los efectos de pasadas crisis de alto impacto que han afectado el turismo mundial colocan el tiempo de recuperación entre 10 y 34 meses y una media de 19 meses.
Nuestra experiencia con la crisis provocada por los atentados terroristas en Nueva York es que tardamos más de 12 meses en retomar el crecimiento. Nuestra crisis particular por la campana negativa del año pasado en los Estados Unidos nos puso en negativo 8 meses consecutivos y habría durado por lo menos 4 meses más, de no ser interrumpida por la actual situación que es peor por su alcance global.

Nosotros tenemos liderazgo y un envidiable posicionamiento turístico, y lo muestra el rápido inicio de la recuperación en el caso de las “muertes misteriosas” en hoteles, que es el ataque mediático más potente que ha recibido un destino del Caribe. Esto nos dice que, si apuntalamos la industria turística, principalmente la más compleja que es la hotelería, lograríamos una recuperación más rápida que otros destinos y mantendríamos el liderazgo regional. Pero es necesario entender que la crisis pasada era sólo nuestra y las empresas tenían respaldo exterior, ahora es un terremoto mundial y el efecto negativo es a escala global. Esto nos exige alzar la mirada más allá de los límites del año 2020 que podemos dar por perdido. Viendo el futuro con optimismo este año podría terminar con una caída del turismo en un rango negativo de 40 a 60%; el 2021 nos quedaríamos sobre un -20% y la recuperación del crecimiento llegaría en el 2022 en que tendríamos de nuevo crecimiento recibiendo por lo menos 400 mil turistas más que en el 2018 el último año positivo.

Estos estimados están basados en experiencias anteriores y en los reportes actuales que proyectan el inicio de la reactivación mundial y local del turismo -como temprano- para otoño-invierno próximo. Pero esto tienen como prerrequisito: 1. Que no convirtamos en un foco del virus, y terminemos con resultados aceptables y creíbles; y 2. Apuntalar el sector turismo para que resista la crisis, esto con una activa participación del Estado.

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