La tribu de Vargas Llosa (II)

1. La tribu.

“La tribu”, para Vargas Llosa, es un sentimiento que anida en el ser humano “civilizado”, aún no superado y que arrastra desde épocas en que “el hombre era aún una parte inseparable de la colectividad, subordinado al brujo o al cacique todopoderosos, que tomaban por él todas las decisiones (p. 22)”. Esto, el hombre “primitivo” lo hacía en busca de seguridad, dejando a otros las tomas de decisiones, prefería estar “liberado de responsabilidades, sometido, igual que el animal en la manada (…) adormecido entre quienes hablaban la misma lengua, adoraban los mismos dioses y practicaban las mismas costumbres” y, algo básico en el ideario liberal de MVLL: “odiando al otro, al ser diferente, a quien podía responsabilizar de todas las calamidades que sobrevenía a la tribu” (ibíd).

Este “espíritu tribal”, como “llama Karl Popper al irracionalismo del ser humano primitivo”, según el Nobel es la “fuente del nacionalismo, (y) ha sido el causante, con el fanatismo religioso, de las mayores matanzas en la historia de la humanidad”. Para Vargas Llosa en el nacionalismo “anidaba la negación de la cultura, de la democracia y de la racionalidad”.

2. El liberalismo.

Según MVLL entre los liberales “hay a menudo más discrepancias que coincidencias”, aún así hace una especie de ideas básicas de la agenda liberal, veamos: “El liberalismo es una doctrina que no tiene respuesta para todo, como pretende el marxismo (aquí el Nobel empieza con humildad, pero inmediatamente asesta un golpe a sus viejas ideas), y admite en su seno la divergencia y la crítica, a partir de un cuerpo pequeño pero inequívoco de convicciones”.

La primera de estas categorías que cita Vargas Llosa es la libertad, la cual es “el valor supremo y que ella no es divisible y fragmentaria, que es una sola y debe manifestarse en todos los dominios -el económico, el político, el social, el cultural- en una sociedad genuinamente democrática”. Es decir, plantea la necesidad de sociedades que promuevan la libertad económica (mercado libre), con total respeto a las libertades políticas ciudadanas.

La segunda categoría básica, según MVLL, manifiesta un distanciamiento total de dogmatismo, argumentando que los liberales saben “que la realidad es compleja, y que a menudo las ideas y los programas políticos deben adaptarse a ella si quieren tener éxito (...)”. También, como un elemento a combatir, “el liberalismo ha generado en su seno una “enfermedad infaltil”, el sectarismo, encarnada en ciertos economistas hechizados por el mercado libre como una panacea capaz de resolver todos los problemas sociales” (p.25).

Otras ideas tienen que ver con la función del Estado. Dice que no lo quieren abolir, más bien lo quieren fuerte, aunque no grande, y centrado en asegurar “la libertad, el orden público, el respeto a la ley, (y) la igualdad de oportunidades” (p. 26). Obviamente, como buen liberal, luego aclara que “la igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades no significan la igualdad en los ingresos y en la renta”, lo cual parece lógico.
Seguiremos en otra “Pinceladas”.

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