La tribu de Vargas Llosa (III)

El “decálogo” liberal de Vargas Llosa incluye “un sistema educativo de alto nivel que asegure en cada generación un punto de partida común, que permita luego las legítimas diferencias de ingreso de acuerdo al talento, al esfuerzo y al servicio que cada ciudadano presta a la comunidad”. Para el autor, en el mundo de la educación es donde más injustos son los privilegios entre las clases sociales, argumentando de el Estado debe procurar igualar, con una educación publica de calidad, como Francia, por ejemplo, que lo “consiguió en el pasado con una educación pública y gratuita que solía ser de más alto nivel que la privada y estaba al alcance de toda la sociedad”. Obviamente, sin suprimir la enseñanza privada, más bien esta tendría que competir para ofertar calidad y a unos precios razonables.

Entre las ideas más firmes, y criticadas de los liberales, es su postura frente al Estado, la cual Vargas Llosa la sintetiza de esta manera: “El Estado pequeño es generalmente más eficiente que el grande: (…) Mientras más crece el Estado, y más atribuciones se arroga en la vida de una nación más disminuye el margen de libertad de que gozan los ciudadano. La descentralización del poder es un principio liberal, a fin de que sea mayor el control que ejerce el conjunto de la sociedad sobre las diversas instituciones sociales y políticas. Salvo la defensa, la justicia y el orden público, en los que el Estado tiene primacía (no monopolio), lo ideal es que en el resto de actividades económicas y sociales se impulse la mayor participación ciudadana en un régimen de libre competencia” (p. 28-29).

Para el Nobel de Literatura la doctrina liberal representa, desde su nacimiento, “las formas más avanzadas de la cultura democrática”, agregando que “es la que ha hecho progresar más en las sociedades libres los derechos humanos, la libertad de expresión, los derechos de las minorías sexuales, religiosas y políticas, la defensa del medio ambiente y la participación del ciudadano común y corriente en la vida pública”.

Con estas ideas centrales, su prestigio como escritor y su constante presencia en los medios y en la academia, sale al debate Vargas Llosa, convencido de que la doctrina liberal, con sus defectos, es la que produce sociedades más libres e igualitarias. Este libro (La llamada de la tribu), es el homenaje de MVLL a estas ideas. Empieza en el año de 1723, en un pueblo escocés llamado: Kirkcaldy, donde nació Adam Smith y termina en el año 2006, con la muerte de Jean-Francois Revel, gurú intelectual que, según el autor, con su muerte dejó “un vacío intelectual en Francia que, en lo inmediato, nadie ha llenado”.

El libro reúne siete (7) exquisitas biografías, en ellas está la época -abarca casi trescientos años-, las ideas centrales, las divergencias, los debates y los textos principales de los autores. Por demás, bien documentado, escrito y comentado por MVLL. Es un libro recomendable, aunque pensemos diferente, sea total o parcialmente, con las ideas que promueve el premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa.

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