El final de una campaña

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Pocas campañas han sido tan prolongadas como la que terminó en el pasado domingo. Todo inició con el intento de reformar la Constitución por segunda vez, para permitir la reelección de nuevo.
Este ha sido un mal que por años ha afectado la institucionalidad de nuestro país. Durante los gobiernos del presidente Balaguer no existía tal prohibición y este se reelegía tantas veces como deseaba.

Como resultado de la crisis electoral del 1994 se prohibió la reelección en mandatos consecutivos y Leonel Fernández resistió las tentaciones de quienes le decían que se pusiera los pantalones y modificara la Carta Magna para quedarse en el poder cuatro años más.

Al llegar el presidente Hipólito Mejía en el 2000, a ejercer la primera magistratura, se mantenía la prohibición y este decidió, con el control mayoritario que tenía su partido en el Congreso, embarcase en un nuevo proyecto de reelección. La crisis bancaria afectó la imagen de los primeros dos años de su gobierno y perdió la reelección, pero el cambio de la Constitución permitió ejercer el poder por ocho años a Leonel Fernández.

En el 2010, la composición del Congreso cambió del PRD al PLD y, fruto de un acuerdo entre ambos partidos, se reforma la Constitución con importantes cambios y se retorna al modelo de José Francisco Peña Gómez (EPD), de un periodo intermedio para un expresidente poder volver a postularse.

Entendía este modelo que de esa forma no se usaban los recursos del Estado, aún cuando el partido en el gobierno postulara otro candidato diferente al que ocupaba el ejecutivo. Sin embargo, en múltiples oportunidades, y esta fue una más, por el hecho de que el incumbente del ejecutivo no sea candidato no asegura que no se usen recursos del Estado en las campañas.

Mientras no exista un órgano electoral capaz de imponer la ley a todos por igual y que cualquier cambio de la Constitución sólo beneficie para el porvenir, la tentación existirá y ha quedado demostrado que el país procura cambios más profundos que beneficien a todos.

De esta campaña son muchas las lecciones a aprender. No hay partido dividido que pueda retener el poder. Pero más importante aún, es el papel jugado por la clase media.

Los cambios siempre se originan en la clase media. Hay que recordar que el 4% de la educación no fue una protesta de los alumnos o padres de las escuelas. Por el contrario, se originó en los padres de los colegios que, preocupados por el bajo nivel educativo del país, entendieron que sólo con más presupuesto se mejoraba el nivel de la educación. Craso error, pero definitivamente un paso de avance; con los miles de aulas construidas, falta ahora una educación de calidad.

Nadie imaginaría que una Junta Central Electoral incapaz de llevar adelante unas elecciones municipales, sería el detonante para que una población se levantara en contra de un partido que tenía ya mucho tiempo a cargo de la cosa pública, sin que esto implique su responsabilidad en las elecciones fallidas.

Otro factor que incidió en que la clase media decidiera salir a votar, a pesar de la gravedad de la pandemia, fue esa parte de la prensa que todos terminaron llamando “bocinas”. Entendieron que servían a los intereses del gobierno y por el contrario fueron creando una reacción tan negativa que, sin importar si sus comentarios fueran sobre algo positivo, generaban el efecto contrario en una población preocupada por la situación sanitaria y económica.

Se ha demostrado que, sin importar el poder que se tenga, los organismos que se controlan; muchos funcionarios buenos, que su labor es opacada por los que derrochan recursos y exhiben riquezas que no han trabajado; esto genera en la población un justo rechazo y esto va no sólo para los que salen sino también para los que llegan. Es necesario tener en cuenta que el poder es temporal y tiene que ser usado con humildad, con eficiencia, para mejorar las necesidades de los que menos tienen y con capacidad de poder rendir cuentas.

La función de rendir cuentas la perdió nuestro Congreso. Muchos, no todos, durante veinte y nueve días levantaban la mano para aprobarlo todo y el último día, la extendían hacia adelante para cobrar.

El día de las elecciones oía a mi muy querido amigo Huchi Lora, decir que la JCE había organizado eficientemente las elecciones y que con esto su imagen mejoraba de sus errores anteriores. La también apreciada Amalia Deschamps no opinó igual, con lo que muchos concordamos. Faltan muchas explicaciones, ¿qué fue lo que realmente sucedió en febrero que nos costó posponer las elecciones y meternos en marzo en unas elecciones en pandemia? ¿Dónde está el informe de la empresa española? ¿Están contestadas todas las observaciones de la OEA?

Un Tribunal que nunca se expresó ni a favor ni en contra de las constantes denuncias de campaña fuera de hora y del uso o no de los recursos del Estado. El día antes de las elecciones el TSE debió enmendar la plana, como en veces anteriores, porque la JCE no quería dejar votar a los electores que después de las 5pm estuvieran aún en las filas de los colegios. Nuestras felicitaciones por lo bien organizadas de estas elecciones, pero tienen un deber pendiente aún: rendir cuentas.

Luis Abinader y Raquel Peña tienen un enorme trabajo por delante. El país necesita soluciones que no salen de un sombrero mágico, es del trabajo de todo un equipo que aceptó el mayor de los retos imaginables, porque encuentran un país con una crisis enorme, fruto de una pandemia que ha postrado las economías de todos y para el trabajo titánico que tienen por delante, necesitan el apoyo de todos, porque si algo demostraron los votantes el cinco de julio, es que el país es de todos.

Hay una nueva recomposición de fuerzas, ya son tres los partidos mayoritarios con importante representación en el Congreso. El PLD tendrá que hacer sus análisis para determinar las causas de su derrota, pero sin dudas seguirá siendo un partido con mucha incidencia en la vida política nacional.

A Luis Abinader y Raquel Peña mis más sinceras felicitaciones, conocemos de la capacidad de los dos y confiamos que estarán a la altura de los retos que tienen por delante. Que Dios les de la fortaleza y salud frente a esta enorme tarea.

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