Lo que espera la sociedad de Abinader

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República Dominicana tiene un nuevo presidente: Luis Abinader quien el pasado domingo se juramentó como mandatario para el cuatrienio 2020-2024.
Sin tener que emitir juicios políticos de valor, respecto al gobierno que por ocho años seguidos encabezó Danilo Medina, señalar que -por lo que se observó en la convulsionada y traumática campaña electoral, afectada por el devastador coronavirus-, la gente quería un cambio. Un cambio en la administración del Estado.

Esta opinión tiene tanta credibilidad que incluso miles de ciudadanos, sin militancia partidaria, fueron a las urnas no a votar por Abinader, candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM), sino porque querían un cambio de mando en la conducción del Estado. ¡Así lo interpreta el autor del presente artículo!

Aceptar, además, que la mayoría de la población, incluidos los medios de comunicación, calificó la alocución de Abinader como “esperanzadora”. Un discurso optimista.

Diría también que fue un discurso afincado en muchas promesas, en especialmente relativas a enfrentar la seria crisis sanitaria que abate a la nación tras la llegada del COVID-19 pandemia que ha quitado la vida a más de 1,500 dominicanos.

Pero tampoco ignorar que la grave situación sanitaria se une -para una seria problemática nacional- a la crisis económica que cada día se agudiza más por lo que hay que buscarle una urgente solución.

.Abinader tendrá que enfrentar, aunque no directamente (para ello nombró a una Procuraduría General de la República) -Miriam Germán Brito- “independiente”, los problemas derivados de la corrupción y otras dificultades que afectan al erario.

Sobre este último aspecto, el nuevo presidente expuso: “ Sin justicia no hay democracia y no existen reformas institucionales que lo garantice”.

Debo anotar que Abinader, para su suerte (¿?) no tendrá -podría ser durante un año o más- oposición a su gobierno. Las organizaciones políticas, y quizás comenzando por el desplazado del poder, el Partido de la Liberación Dominicana -PLD-, sí cuestionarán algunas de las medidas que tiene en carpeta ejecutar el nuevo gobierno.

Pero en sentido general no habrá una oposición dura. En su primer año Abinader podrá trabajar sin presión…prácticamente sin oposición. Esto le permitirá organizar su administración en tranquilidad y diseñar sus ambiciosos proyectos con miras a que el país vea concretado un anhelado cambio en los renglones de salud, económico y social.

La sociedad exige -es un reclamo de todos los sectores- que en la práctica se vean positivos resultados.

¡Veremos entonces si esto ocurre!

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