República humanitaria (2 de 2)

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Otra importante consideración es la legitimidad del gobierno. La Voluntad del pueblo, “o el justo consentimiento de los gobernados”, valida un gobierno. El gobierno como maestro del arte humanista, protege y supervisa el proceso, mas no interfiere. Su misión principal; cuidado y facilidad del desarrollo social a su más alta innovación y productividad. Si los ciudadanos tienen libertad para moverse, guardar, proteger y usar lo que por su propio merecimiento se han ganado, desempeñar un oficio o profesión, deseo de aprender, poniendo a disposición sus capacidades y talentos de comercializar responsablemente como les sea conveniente respetando y haciendo respetar el derecho ajeno, el proceso funciona.

Resulta en crecimiento planificado, transformación permanente y desarrollo de incontables potencialidades en la naturaleza humana, así todos se benefician. El proceso no es mezquino y obsesivo del tiránico puritanismo, sino humanista; genera liderazgo equilibrado del deber ser.

Retomemos la inspiración de nuestros padres y madres de la patria, su espléndida visión, tan antigua en el tiempo y tan prometedora como la inmortalidad, establecieron una república humanista en tierras del mismo trayecto del sol, así viviremos en la esperanza de una república renovada y en transformación. Reafirmemos el legado de Duarte, Sánchez, Mella, María Trinidad Sánchez, Rosa Duarte, Juana Trinidad, entre otra(o)s, manteniendo el espíritu de la declaración de Independencia, la Constitución, la bandera , el escudo, el himno, símbolos de una realidad legítima y propia de un pueblo libre y soberano. Orientarnos a fomentar la educación, la formación y la Consciencia en cada ciudadano. A menos leyes y reglas, más consciencia. El avance de causas meritorias no debe justificarse como excusa para aumentar el gobierno y empequeñecer las libertades e iniciativas individuales. Los gobiernos no existen para imponerse en la vida de sus ciudadanos, sino para garantizar un entorno del cual las capacidades, poderes y talentos inherentes de las personas puedan desarrollarse y florecer.

“Es inútil querer transformar las estructuras de una sociedad si antes no se muta el corazón del ser humano”. Llegó el momento, ahora es la gente la que toma en sus manos, resueltamente, las riendas de su destino. (En pie de Paz de Federico Mayor).

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