El atelier: la vida del artista

Es el lugar de creación, amplio, acogedor, organizado, donde pasas horas muertas conversando con tu obra, poniéndole un pincelazo por aquí o por allí

El taller no es simplemente el lugar donde un artista crea sus obras, es tan importante como la obra misma. Pero hay que diferenciar, de entrada, el taller de un pintor y el taller de un artista. El primero puede ser cualquier rincón, cualquier lugar que sirva para pintar, que no interrumpa la casa, que no ensucie los muebles ni estorbe.

El taller, l’atelier del artista es más importante que la casa. Es el lugar de creación, amplio, acogedor, organizado donde pasas horas muertas conversando con tu obra, poniéndole un pincelazo de rojo por aquí o por allí y ella que te dice, cuando la observas con ojos de descanso, que no, que lo quites, que pongas un azul degradado hasta el blanco.

En mi taller, el tiempo no pasa, entro a las seis en punto y salgo a las mismas seis. Si adivinaste que el reloj no tiene pilas, eres un poeta y un aprendiz de mago.

Como en los espacios de los antiguos griegos, decidí poner una frase en la entrada del mío: “meme si je suis la, je ne suis pas la”.

¿Qué es un artista sin atelier?
Absolutamente nadie, un zombie errante que busca la calma de un buen caballete y una gran tela en blanco o en negro, para entrar o construir ese mundo que solo él conoce, que no tiene igual ni explicación.

El taller siempre fue el oasis de la vida del artista. Ni el bar de los chismes, ni el banco del parque con los muertos vivos ambulantes que corren sin saber a dónde ni por qué, ni el burdel, ni la Iglesia donde se podía ir a escuchar el murmullo del silencio y que hoy se cierra con horarios; ni el taller del colega, que no quiere que lo vean plagiando a otros y se esconde, en una excusa de misterio sin sentido; ni la playa arropada por el ruido que impide oír las melodías de las olas. Solo tu taller, el que construiste para crear tu mundo, no la fábrica de objetos sin valor estético. Tu atelier.

TALLERES FAMOSOS
Delacroix

Taller de Delacroix.

Uno de los talleres más impresionantes es el de Eugene Delacroix situado en la Calle Funrstemberg desde 1857. Como museo, abrió en 1932.

Picasso

Picasso en su taller.

Picasso estuvo en varios lugares desde un rincón de La Ruche hasta el espacio que Dora Maar le consiguió en la Calle des Grands-Augustins, cerca de Notre Dame, donde pintó el Gernika. En el sur de Francia, Antibes, tenía un castillo, casa y taller. También en Vaullaris y, los 12 últimos años en Mougins.

Monet

Casa de Monet.

Monet vivió 43 años en Giverny con sus hijos. Tuvo que hacer un espacio especial para sus inmensas telas de nenúfares que hoy se pueden ver en el Musée de l’Orangerie de las Tullerías, en París.

Kees van Dongen

El salón de su casa, con alfombra incluida y su caballete rodeado de finos y cómodos muebles, era su taller. Él, por supuesto, pintaba con saco y corbata y los cuadros ya enmarcados.

Bacon

Taller de Francis Bacon.

Quizás este sea la excepción de la regla, porque allí se amontonaban estuches vacíos, pedazos de madera, botellas de vino, colillas de cigarrillos, desechos, latas con pintura seca o a medio usar… un caos, un basurero perfecto. Quizás también, por eso tenía prisa en terminar sus cuadros y salir de allí.

Van Gogh

Vincent pintaba al aire libre como aprendió de los impresionistas y por eso andaba siempre con su caja de óleos, trípode, canvas…

Close

Taller de Chuck Close.

El taller de Chuck Close es grande y con adaptaciones que le permiten mover sus telas a su conveniencia por sus limitaciones físicas.

Botero

Pintó en su espacio de Pietrasanta, en la toscana italiana. También en París tuvo un taller.

Georgia O’keeffe

Georgia-OKeeffe.

Empezó en el estudio fotográfico de Alfred Stieglitz en New York. Se estableció en Nuevo México, en Abiquiú, que luego pasó a ser su museo.

Courbet

De Gustave Courbet se conoce su famoso cuadro “L’Atelier”, un autorretrato con muchos personajes, la mayoría amigos, que pululaban en él. Decía que era un hombre libre que no dependía de ningún poder ni de ninguna religión.

Giacometti

Tenía un modesto taller donde era asistido por su hermano Diego. En cualquier hueco de las paredes, escondía el dinero que ganaba, y que luego ni él se acordaba. Ni Annette sabía nada, era tal su desinterés. Pero nunca le faltó su “baguette” ni lo esencial para vivir.

Sorolla

Joaquín Sorolla pintaba de manera disciplinada de tal hora a tal hora, como si fuera a una oficina. Con su delantal y sus pinceles largos realizaba sus trazos con una precisión como si hubiesen sido calculados, para lograr la ilusión en sus pinturas. La mayor colección de sus cuadros se encuentra en el Museo Nacional de Cuba, aunque Ud. no lo crea y que los quieren “buscar prestados”, para no devolverlo nunca más. ¡Ja!

Da Vinci

El taller de Lionardo era una dependencia del Convento de la Santissima Annunziata, en Florencia, por donde desfilaron modelos y modelas.

(nota: no está escrito con IA)

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