Cada día se torna más sorprendente la riqueza de la literatura dominicana, en cantidad y calidad, lo que descubrimos con obras como la novela Doña Tina, cuya autora es la escritora Ana María González Puente, nacida en El Seibo, provincia oriental de la República Dominicana, establecida desde hace muchos años en Nueva York, ciudad estadounidense donde ha recibido importantes galardones por obras anteriores, del International Latino Book Awards, en la categoría de ficción.
“Doña Tina” es el personaje femenino de Santa Cruz de El Seibo, bautizada con el nombre de Agustina Ambrosia, hija de los esposos Ramón Ortiz y Doña Agripina García de Ortiz, quienes declinaron nombrarla acorde con el Santoral Católico que publicaba religiosamente el Almanaque Bristol, tan respetado por las familias latinoamericanas. Prefirieron los nombres de las abuelas, tanto por el lado materno como por el paterno.
Casi un siglo de historia dominicana se ambienta en Doña Tina, cuyo nacimiento coincidió con el asesinato del presidente Ulises Hereaux (Lilís), por lo que vivió etapas de grandes convulsiones como los gobiernos efímeros de Horacio Vásquez, Juan Isidro Jimenes, Alejandro Woss y Gil y Ramón Cáceres (Mon), este último asesinado en momentos en que se empeñaba en poner al país en orden, liberándolo de la montonera que no permitía la paz y el progreso de la nación.
La novela de González Puente logra retratar la dominicanidad, con el romanticismo bucólico de sus merengues, los romances previos a los enlaces matrimoniales, como el narrado en la relación que culminó con el matrimonio del joven José Ramón Puente con Agustina Ambrosia, marcado por la tragedia de su asesinato, hecho sombrío en el que la viuda llega a solicitar la intervención del ya dictador Rafael Leónidas Trujillo para su debido esclarecimiento.
Desde el principio hasta el final, Doña Tina reseña con preciosismo narrativo casi cien años de vivencias auténticamente dominicanas, con menciones de figuras trascendentales de sus diferentes etapas, en la política, el arte, la milicia y la comunicación, con epígrafes de poetas locales e internacionales. Su autora merece nuestras congratulaciones.
