Los 16 innings de Marichal que estremecieron el mundo (VI)

elCaribe rinde homenaje a Juan Marichal con esta serie de 16 entregas sobre el que ha sido, quizás, el juego más famoso de las Grandes Ligas

6° INNING
Henry Aaron es considerado hoy como uno de los más grandes peloteros de todos los tiempos. El fanático gusta del jonrón y Aaron emocionó al público más que nadie hasta que Barry Bond lo superó para establecer el récord en las Ligas Mayores de los Estados Unidos porque Sadaharu Oh conectó 868 en las Grandes Ligas japonesas.

El béisbol fue la salvación porque, de no salir de su natal Mobile en Alabama, hubiese continuado, como su padre, dedicado a recoger algodón toda su vida a precio de esclavo. Las escuelas y universidades eran imposibles por las distancias y el odio a los negros. Cuando Ruby Bridges, una niña negra, quiso estudiar en una escuela de blancos, vivió una experiencia amarga y traumatizante. Cuando asistía a la William Frantz Public School tuvo que ser escoltada por un buen tiempo para impedir que de los insultos pasaran a agresiones físicas. Todos los jóvenes de su generación conocían esa realidad y muchos se empeñaron en jugar bien al béisbol y otros a pegar fuerte en el cuadrilátero, única forma de romperle la nariz a un blanco sin coger cárcel. Pero Aaron en el plato no veía a Marichal ni como negro, ni como latino. Lo veía como el pícher rival al que debía conectarle de hit sin el más mínimo sentimiento de odio. Marichal, de su parte, trataba de dominar a todo el que se la parara con una estaca frente al diamante.

(T1) Hank Aaron, bateador derecho, vio pasar las dos primeras bolas malas desde sus seis pies de estatura. Su musculatura de hierro y su aguda visión le permitían seleccionar con bastante acierto los lanzamientos de su preferencia. Marichal no podía equivocarse con Aaron: cualquier tiro errado podría convertirse en un jonrón. Marichal pensó en Viruta Pichardo en la época que ganaba 52 pesos, aunque le daban 100 más por debajo, “regalo directo de Ramfis”.

“…Cuando me seleccionaron para el equipo de las Fuerzas Armadas, todavía no sabía nada sobre Trujillo, salvo que él controlaba todo y si quería algo había que hacerlo. Cuando el teniente me vino a avisar a mi casa, supimos que era una orden de Dios. Mi madre era quien lo sabía, yo tenía apenas 18 años y no sabía que era malo. Solo sabía que Trujillo era un hombre poderoso…”

Marichal se balanceó en la lomita, levantó la pierna que le daba el impulso a su lanzamiento y soltó la pelota tan rápido que sorprendió al right field de los Bravos, quien sacó el bate con retraso para convertir la curva en un flaicito a Bailey, que lo atrapó casi empujando al ampaya. Aaron lamentó el flaicito y pensó en el anuncio que había hecho para los cigarrillos Camel. Su madre le jaló las orejas cuando regresó a casa por estar promoviendo los vicios contrarios a lo que dice la Biblia. Él dijo que no había nada de malo en eso y que ya Willie Mays salía anunciando los cigarrillos Chesterfield, la Coca-Cola y la salsa picante RedHot Sauce. Tommy Davis promovía los cigarrillos Tareyton. No se promovían los mejores valores y comportamientos, pero eso dejaba muchos dólares.

(T2) Denis Menke era el más joven de la tribu de Milwaukee. Con solo 22 años ya se había ganado el campo corto del equipo. Derecho contra derecho. Por su juventud, quizás, era el más desconocido para el lanzador dominicano. Con cuenta de 2-2, Menke mandó un lineazo hacia el bosque izquierdo de hit que sorprendió al mismo Marichal. La pierna de Marichal subía tan alto que en una ocasión se le rajó el pantalón en la costura de la nalga. Para terminar el inning siguió tirando chata. Bailey vino al montículo a averiguar y Marichal le dijo que le explicaría luego. En el dugout, cuando terminó el inning fue que le dijo.
(T3) La agilidad de Menke quedó demostrada no solo con este hit sino con el robo de segunda con Norman Larker en cuenta de 1-1. El tiro de Bailey a segunda fue perfecto pero tardío. Frank Walsh abrió los brazos en señal de SAVE!

Después de un fao que voló la cerca del right, Larker chocó de nuevo la pelota hacia el cielo. Hiller abrió los brazos indicando que la tenía ubicada y, luego de una danza india mirando siempre hacia el infinito, logró atrapar la pelota casi al lado de la almohadilla de segunda. Menke ni se movió.

(T4) Mark Jones es un muchachón de 24 años que cubre el jardín del centro con suma eficiencia. Sus 180 libras están bien distribuidas en sus 6’1”. Para un jardinero, Jones no es lo suficientemente jonronero, aunque sea un bate fuerte de la artillería brava. Marichal no le teme y su primer lanzamiento dejó un zumbido en el aire que nadie vio, salvo Bailey… “STRIKE ONE!”, gritó el ampaya, al mismo tiempo que se acomodaba el buche de tabaco que masticaba. Para Jones, Marichal era demasiado incómodo, pues la pierna al aire era una gran distracción que le impedía ubicar la trayectoria exacta de la pelota. El segundo lanzamiento fue exactamente igual y cayó en el mismo sitio, pero al ampaya se le antojó cantar bola. Con una bola y un strike, Marichal se apresuraba a cerrar el inning. Una curva alta fue chocada con fuerza, pero no en el centro del bate y la bola describió un arco entre el home y la tercera base para el tercer out.
(T1) Para abrir la tanda de los Gigantes apareció su pícher con cuatro bates que fue soltando a medida que se terminaban las prácticas rutinarias. Y en esa corta espera, Marichal pensó en la pensión de San Francisco donde se alojaba con una familia negra que los acogía como parte de ellos. Esa familia fue la que le contaría las vicisitudes de la niña negra Ruby Bridges que tuvo que ser escoltada por marshalls, debido al rechazo de los blancos a que negros se mezclaran en las escuelas y en cualquier sitio. Eso fue en 1960 y la escuela William Frantz acudía a un encuentro con la Historia. La señora Blanche Johnson le contaba a Marichal y a Mateo Alou que en las pancartas de protesta había una que daba risa: Race Mixing Is Communism, algo así como La Mezcla de Razas Es Comunismo. En los Estados Unidos el miedo de moda usado por el Departamento de Estado era, desde finales de la II Guerra Mundial, el comunismo. Se podía leer Communism hasta en las sopas Campbell de letras y fideos. Mrs. Johnson conservaba una revista LOOK con una ilustración de la niña escoltada donde aparecen tomates explotados en la pared, fruto de la imaginación de Norman Rockwell. La señora aprovechó para mostrar otras pinturas de Rockwell. Marichal le dijo que Rockwell se parecía al Dr. Pildorín, quien tenía un programa en La Voz Dominicana, la televisión oficial del país. Esa ilustración fue instalada en la oficina oval de la Casa Blanca por Obama, con la presencia de la niña, ya con casi 60 años.

La verdad es que eso lo hizo Obama para hacerse el gracioso, porque él no es “el presidente negro” que demuestra que no hay racismo en los Estados Unidos. De hecho, Obama no es un negro como los otros que han vivido en la esclavitud, la pobreza y lamentando sus penas en el jazz en algún rincón de Harlem. Obama es un “negrito refinado” de la última generación de inmigrantes que cogió un swing después de ser presidente.

Ninguna de estas historias de segregación perturbó a Marichal y, menos, a Mateíto. Ahora en el home, su concentración era para dar un jonrón. Marichal no hacía mucho alarde con el bate para, de cierta manera, engañar al rival; en realidad estaba observando el más mínimo movimiento del pícher en el montículo para descifrar el tipo de lanzamiento que le serviría.

Las dos primeras que cantó el ampaya fueron muy evidentes y no pudo decir que eran strikes, como hubiese querido. El próximo tiro Marichal sabía que venía por el medio con una recta. Sin ningún titubeo, el número 27 de los Gigantes chocó la pelota medio a medio. Fue un metrallazo que se elevó con fuerza por el jardín central. El estadio entero se levantó de sus butacas con la boca abierta y los ojos estacados como si hubiesen visto a Drácula. El asombro duró hasta que la pelota cayó en el guante de Mack Jones, allá pegado a la pared. El trote de Marichal se interrumpió poco después de parar por primera con un zapateo que expresaba su descontento. Si hubiese jalao el bate un poquito hacia la izquierda en su swing, nadie le hubiese quitado la primera carrera del juego. Este batazo se pareció a un jonrón que dio Marichal frente a los Piratas tres años más tarde para decidir el juego que terminó 6 a 5.

(T2) El tablazo de Marichal al center inspiró a Kuenn, quien soltó un cañonazo por el right field que la agilidad de Aaron atrapó para permitir a la fanaticada seguir respirando normalmente.

(T3) Willie Mays se presentaba al home muy calmo; su agitación corporal se iniciaba cuando el pícher levantara los brazos. La pierna izquierda se levantaba un poquito y luego se apoyaba firmemente, al mismo tiempo que le hacía swing al tiro. La pelota salió hacia atrás de fao, una línea que el instintivo reflejo de Crandall no llegó a tiempo para coincidir con la trayectoria de la bola.

Después de varios faos, Mays soltó un leñazo hacia el right field que Aaron se llevó en el guante virao. Mays recordó un batazo similar que hizo en la Serie Mundial de 1962. Fue un gran duelo contra los Yankees y contra Whitey Ford. En el quinto inning, Marichal se rompió el índice derecho tratando de tocar. Logró ponchar dos veces a Mickey Mantle. Amadée, el gran ilustrador, divulgó un “retrato” de Marichal que se reprodujo en los principales diarios del mundo. Ese bolazo impidió que los Gigantes se coronaran campeones de la Serie Mundial.
(Escrito sin Inteligencia Artificial

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