Por Cristian Salvador
Especial para elCaribe
El mestizaje no se reduce simplemente a un cruce biológico ni a una mezcla entre culturas; es más bien una herencia viva e inquebrantable de nuestra esencia que ha logrado trascender en el tiempo, incluso cuando en muchos momentos de la historia fue catalogado como sinónimo de bastardía y discriminación.
A pesar de que el mestizaje fue eclipsado por esa percepción tan negativa e inhumana, en las obras de Luis Palés Matos, uno de los principales exponentes de la poesía afroantillana, se reconoce que esa visión no representaba en lo absoluto su verdadero valor, ni constituía una marca de inferioridad o marginación; es, en esencia, una expresión profunda de lo que realmente somos como identidad caribeña.
Este cambio de perspectiva se puede evidenciar claramente en muchos de sus poemas, donde lo afrocaribeño deja de ser visto como algo marginal para transformarse en el elemento central de la expresión poética, es decir, aquello que antes era rechazado, minimizado o invisibilizado toma un rol protagónico y ya no aparece como un simple tema, sino como el eje desde el cual se construye el poema.
En sus poemas, lo negro no aparece como algo lejano o aislado; forma parte de su propia realidad y por eso se siente más auténtico. Su poesía va evolucionando: pasa de una visión más imaginada a otra más conectada con lo antillano, sin dejar de lado el ritmo, la musicalidad y los sonidos que remiten a esa herencia cultural.
Esta forma de entender y representar el mestizaje se hace más clara en su poesía, especialmente a través de las imágenes, el ritmo y la manera en que construye sus versos.
En “En ti, ahora mulata”, más que una descripción directa de las Antillas, el poeta busca expresar la belleza de sus paisajes a través de la figura de la mujer mulata. En su cuerpo se concentra esa riqueza natural presente en territorios como Puerto Rico, Jamaica o República Dominicana. Por eso, la imagen de la mujer mulata va más allá de ser una representación simbólica y se acerca a lo que define a las Antillas, como se expresa en los versos:
“En ti ahora, mulata,
Cruzo el mar de las islas.
Eléctricos remolinos de huracanes
En tus curvas se alargan y se ovillan,
Mientras sobre mi barca va cayendo
La noche de tus ojos, como tinta.”
En esta estrofa, el cuerpo de la mulata se funde con el paisaje y en él se refleja ese mundo antillano.
Sin embargo, la propuesta estética de Palés no solo se queda en la mirada; también se siente en el oído. En “Por la encendida calle antillana”, se muestra el baile y la música como parte fundamental de lo antillano. Esto se percibe en versos como:
“baten la Tembandumba de la Quimbamba,
rumba, macumba, candombe, bámbula/ entre dos filas de negras caras.
Ante ella un congo, gongo y maraca
ritma una conga, bomba que bamba.”
Aquí aparecen distintos ritmos y sonidos que remiten a raíces africanas. La presencia de elementos como la conga, la bomba o la maraca refuerza esa idea de la música como algo representativo de nuestra cultura. Estos elementos no están ahí por casualidad; muestran de forma precisa la herencia que viene de nuestras raíces y que todavía define el alma del Caribe.
En “Pueblo negro” el enfoque cambia y presenta una imagen más lejana que se va formando desde la memoria, como un sueño que el poeta lleva por dentro. No se siente como un lugar concreto. Llama la atención cómo usa nombres como Mussumba o Tombuctú más por su sonido que por lo que realmente son, lo que crea esa sensación de distancia:
“—Mussumba, Tombuctú,
Farafangana—
es pueblo de sueño,
tumbado allá en mis brumas interiores…”
Luego aparece la mujer negra que canta, y ese canto va llenando todo el espacio del poema. Poco a poco, todo gira alrededor de ese sonido hasta que es lo único que queda. Incluso se dice que:
“Al rumor de su canto
todo se va extinguiendo.”
En el poema “Sombra blanca en el baquiné”, el ambiente se siente más oscuro y cargado. Desde palabras como Changó, vodú o bembé, se nota esa presencia de lo espiritual dentro de la cultura afrocaribeña. Esto se ve en versos como:
“tiene changó, tiene vodú.
Cuando pasa por el bembé
Daña el quimbombó…”
Aquí no es solo el ritmo, también se siente algo más tenso. Esa “sombra blanca” aparece como una presencia que afecta todo lo que toca, y eso le da al poema un tono distinto. Para mí, aquí se muestra otra forma de lo afrocaribeño, más relacionada con las creencias y lo que no se ve, pero que está presente.
En “Jungla africana – Tembandumba”, el ritmo se siente más fuerte desde el inicio. El poema mezcla el tambor, los animales y el baile, creando una imagen intensa. Se nota en versos como:
“Al bravo ritmo del candombe
despierta el tótem ancestral…”
Cuando dice que “el negro baila poseído”, da la idea de una conexión con algo más antiguo, como si ese ritmo despertara esas raíces.
En conclusión, la poesía de Luis Palés Matos es un testimonio vivo del mestizaje como esencia del Caribe. Sus versos rompen con las barreras impuestas por siglos de discriminación y colocan lo afrocaribeño en un lugar claro dentro de nuestra identidad cultural.
Cada poema es un acercamiento a nuestras raíces: desde la celebración hasta la introspección espiritual. Gracias a sus obras, Palés Matos alcanzó reconocimiento internacional como uno de los grandes poetas del siglo XX y también logró cambiar la manera en que se percibe el mestizaje y el papel que tiene en la construcción del alma caribeña.
A esto se suma la forma en que trabaja el ritmo, el sonido y las imágenes para construir cada poema. No todos se desarrollan igual: en algunos se siente más el movimiento, en otros el ambiente o lo que se escucha. Eso hace que cada poema tenga su propia forma y que el conjunto no se sienta repetitivo.
Su legado literario nos invita a mirar hacia nuestras raíces con orgullo y a reconocer la riqueza cultural que nos define. A través de su forma de escribir, se entiende mejor cómo esa mezcla se mantiene presente y toma sentido dentro de su poesía.
