Por Antonio Gómez Sotolongo
Especial para elCaribe
Giacomo Puccini y Madame Butterfly
En el capítulo XIII del libro titulado “El sentido humano en la obra de Puccini”, del musicólogo cubano Orlando Martínez, se aportan datos acerca de la minuciosidad con la que Giacomo investigaba los ambientes en los que situaría sus óperas. El caso de Madame Butterfly, además de haber sido profundamente estudiado por el compositor, fue motivo de una enorme admiración.
Para conocer de los personajes con los que iba a trabajar, Puccini sostuvo largas conversaciones con Sadda Yacco, una actriz japonesa que estuvo en Milán, y con la esposa del Embajador japonés en Italia. Con los datos que resultaron de aquellas pesquisas, Puccini obtuvo quizás lo que más le impresionó: Madame Butterfly había existido en la vida real.
En 1949, Federico Oliván publicó un libro sobre Puccini en el que reproduce una noticia que El Diario Vasco de San Sebastián había dado a sus lectores. Según la información, los habitantes de Nagasaki eran partidarios de que se recordara su ciudad como la tierra natal de Butterfly, y no como la tierra que fue arrasada por la bomba atómica. Cuenta la información además que existió la idea de perpetuar la memoria de la geisha Cio Cio San, quien vivió en el número 12 de la calle Minaimi Yomato Cho. Se dice en la citada nota de prensa, que la casa no fue destruida por la bomba de agosto de 1945, y que allí se colocaría una tarja para recordar a la famosa heroína.
Se cuenta que la verdadera Madame Butterfly llevaba por nombre Tojin Okitchi y había nacido en 1838. Educada como geisha, fue muy famosa por sus encantos y cuando contaba con dieciocho años de edad le fue presentada a Mr. Towsend Harrys, alguien, que según parece fue el primer norteamericano que obtuvo permiso para residir en el Japón, ya que hasta 1853 el imperio no admitía la presencia de extranjeros en sus territorios.
Tojin Okitchi, debió entregarse a Mr. Harrys sin sentir absolutamente ninguna atracción por él; incluso, le pareció repulsivo por su gran estatura y sus cabellos rojizos. Pero Towsend quedó prendado de la adolescente y se estableció con ella en una casita de bambú donde tuvieron una niña.
Mr. Towsend Harrys era entonces Cónsul en Shimoda, pero cuando cesaron sus funciones debió regresar a los Estados Unidos y por supuesto que ni su hija ni su esposa temporal viajaron con él. Ya para entonces la geisha amaba al norteamericano, pero él, sin el valor suficiente para enfrentar los prejuicios raciales la dejó abandonada. Tojin Okitchi se quitó la vida lanzándose al río en 1859, cuando contaba tan solo con veintiún años de edad.
Fue durante este mismo mes de agosto, que la Humanidad sufrió, en Hiroshima y Nagasaki, uno de los golpes más cruentos de la Era Moderna. Dos bombas atómicas, lanzadas por la aviación norteamericana, sepultaron dos ciudades y miles de personas perdieron la vida en ese acto. El drama Humano que se nos presenta en la escena de Butterfly, a la vista de fechas luctuosas como el 6 y el 9 de agosto, puede que propicie el que podamos descubrir nuevos y más intrincados mensajes en la obra. Puede que a la vista del Drama Humano en la escena, podamos también enrumbar nuestras disquisiciones con mayor certeza en la vida real.
Giuseppe Verdi y La Traviata
Alphonsine Plessis fue el nombre de una despampanante y enloquecedora jovencita a quien la tisis le arrancó la vida cuando tenía tan sólo veinticinco años de edad; Alejandro Dumas (h), fue su desquiciado amante y quien volcaría esta tragedia personal en la novela La Dama de las Camelias, que viera la luz en 1848. Así es que la verdadera Margarita Gautier que el novelista nos presenta, llevaba por nombre Alphonsine Plessis
Cuatro años después de publicar la novela, el autor quiso convertirla en un drama, entonces Margarita pisó por primera vez las tablas obteniendo tan resonante éxito teatral que Francesco María Piave, el experimentado libretista, tomó la pieza y en unos cuantos cortes y adiciones tuvo listo el guion para que Giusseppe Verdi concertara nota a nota los textos. Así es que la verdadera Violeta Valery también llevaba por nombre Alphonsine Plessis.
La ópera de Verdi, con libreto de Piave y basada en La Dama de las Camelias de Dumas (h), llegaba al mundo con el nombre de La Traviata. Concebida en un lenguaje terrenal, cotidiano, y contando los hechos simples de la vida y la muerte, incorporó al mundo de la ópera algo nuevo para su época, una tendencia que sitúa la obra a un paso de lo que más tarde sería el “verismo”.
La historia comienza en un salón de la casa de Violetta, donde ella y sus amigos se divierten. Alfredo Germont, el loco enamorado, se une al grupo y entonces Violetta se pregunta si vale la pena dejar todo aquello y corresponder a Alfredo. En el Recitativo y aria del final del Primer Acto, Violeta, luego de despedir a sus invitados, pone en la balanza su libertad de cortesana y el verdadero amor de Alfredo. Medita si valdría la pena estar “siempre libre” o disfrutar el dulce encierro del amor sincero.
En el Segundo Acto, finalmente Alfredo ha conquistado a Violeta y ambos viven en una casa cerca de París. Violeta ha renunciado al desorden que era su vida para dedicarse sosegadamente a Alfredo, quien declara que no hay felicidad para él si ella no está a su lado. Lunge da lei (lejos de ella) canta Alfredo en un aria bellísima.
Giorgio Germont, el padre de Alfredo no ve con buenos ojos esta unión y viene, a escondidas de su hijo a hablar con violeta y le suplica que no continúe con aquella locura, pues de seguir adelante provocaría grandes desgracias en la familia: la ruina de la carrera de su hijo y la suspensión de la boda de su hija. Violeta decide entonces abandonar a Alfredo, así se lo promete a Giorgio; pero, le faltan fuerzas para enfrentar a su amante y acude a dejarle una esquela en la que miente cuando dice, que el brillo de su vida pasada se le hace irresistible y por adicción se ve obligada a volver a ella.
Cuando el telón se abre por tercera y última vez, el drama se nos viene encima, el dolor de la historia nos invade. En la habitación de Violetta el médico trata de darle esperanzas a la moribunda; en eso, recibe una carta firmada por Giorgio Germont en la que le es anunciado que Alfredo, quien había sido desterrado por herir en duelo a otro de los personajes, está próximo a regresar a París. Ya a estas alturas Alfredo sabe del sacrificio de Violetta y corre a sus brazos a pedirle perdón por haberle juzgado mal, pero ya es demasiado tarde, Violeta muere en su regazo.
La Traviata se estrenó el día 6 de marzo de 1853, en Venecia, y aunque hoy es una de las obras más aplaudidas de Verdi, aquel día fue un rotundo fracaso. Hay quienes afirman que las causas estuvieron en el vestuario, puesto que en la escena los artistas llevaban las mismas modas que el público. El tenor que encarnó a Alfredo, estaba completamente disfónico, y como si fuera poco todo esto, la soprano que se desempeñó en el papel de violeta era una mujer de algunos kilos de más. Sólo de imaginarnos la escena final de Violeta puede venirnos la risa.
En aquel estreno, cuando el doctor declaró que Violetta moría de “enflaquecimiento”, la sala se vino abajo por las risas. Pero el autor y su obra, se irguieron y La Traviata, se renovaría en cada puesta en escena, siendo capaz de emocionarnos hasta el fin de los días.
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