Política y espectáculo

El sistema de partidos en nuestro país está, y hace tiempo, en descrédito público o ciudadano y cada vez más esa realidad se refleja en los estudios de credibilidad o confiabilidad que se hacen. Pero no solo los partidos están en descrédito ciudadano, sino también las instituciones, los líderes de esos “aparatos” -los partidos-, la justicia, el ministerio público “independiente”; y por qué no, los “hacedores de opinión pública“ -a excepción de dos o tres voces, como, por ejemplo, Ricardo Nieves-. Y es esa suma de descrédito la que hace posible que figuras de las redes sociales o de plataformas digitales están haciendo más oposición asertiva que los partidos en contra del actual desgobierno y, abiertamente, aspirando a dirigir el país sin más equipaje o “bagaje” que el aval de una subcultura de trivialidades, monetización o de manipulación social dirigida a un segmento de la sociedad -los jóvenes- que hace tiempo viven en un sonambulismo social de evasión, exclusión y desesperanza que ya espanta.

Y ese triste espectáculo o drama sociopolítico empezó, primero, como crisis de credibilidad pública en las cúpulas de los partidos -dirigentes y líderes (promesas incumplidas y corrupción pública)-; y segundo, como crisis del sistema de partidos -que les vino del comportamiento en el ejercicio del poder de sus líderes y cúpulas-, al punto de que hoy el desfase es tan políticamente entendible que la oposición política al actual gobierno tiene menos resonancia y coherencia que la que se da entre la misma oposición. ¿Y entonces?

Es un fenómeno sui géneris, o mejor dicho, atípico y digno de estudio social o psiquiátrico, pues no tiene lógica política ni mucho menos forma de explicación. Y para rematar andan hablando, ellos y las encuestas, de la posibilidad de una segunda vuelta o balotaje. Y uno se pregunta: si la oposición se está enfrentando -o mejor dicho, fragmentándose- y sonsacandose entre sí, ¿cómo diablo, llegado lo improbable -una segunda vuelta electoral, 2028- es que se van a aliar? ¿O es que, acaso, se odian tanto que serían capaces de apoyar, por omisión o “libre albedrío”, al desgobierno actual? Yo no lo dudo.

Y me excusan que insista sobre el tema -que, gracias a Dios, Miguel Vargas (presidente del PRD) lo puso, sin importar el nombre que le diera, en pizarra nacional-. Pero es que deja mucho que desear y pensar el que la mayoría ciudadana termine votando por ninguno -extrema abstención o desinterés- en una improbable segunda vuelta electoral y, por vía de consecuencia, se quede el peor -si, el PRM-. !Madre mía, tal ironía, sería cosas de locos!

Sin embargo, y a pesar del lamentable cuadro de la oposición -!hasta votaron, salvo una honrosa excepción, por el mamotreto de ley mordaza que cursa en el “Congreso”-, me queda un remoto atisbo de esperanza; sobre todo, en el PLD y los remanentes doctrinarios de una otrora escuela política, Y, por supuesto, en una amplia y plural coordinación política opositora (!Y no estoy hablando de candidato ni de que ningún partido se alie a otro (al menos en la coyuntura actual, sino de una coordinación política opositora cuya vocería sea rotativa).

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