En una gala sinfónica, las voces invitadas pueden parecer el brillo adicional de la noche. Pero, en la clausura de la Temporada Sinfónica 2026 del 4 de noviembre en el Teatro Nacional Eduardo Brito que celebra los 85 años de la Orquesta Sinfónica Nacional y los 40 de Fundación Sinfonía bajo la dirección de José Antonio Molina y con un coro de más de cien voces, la presencia de Joyce DiDonato y Nathalie Peña-Comas tendrá otro peso: conducirnos en el momento en que una obra gigantesca, la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler, “Resurrección”, deja entrar al ser humano a través del canto y complementa su grandeza.
Una estrella que piensa la música
Joyce DiDonato no llega a Santo Domingo únicamente como una mezzosoprano célebre, sino como una artista que evoluciona en una pedagoga que busca hacernos entender el mundo a través de la música. Ganadora de múltiples premios Grammy y del Olivier Award 2018 por su trayectoria en la ópera, la cantante estadounidense, reconocida por la crítica como una de las voces más potentes de su generación, es celebrada por su dominio de Händel, Mozart y Rossini, pero también por proyectos que buscan sacar la música clásica de la vitrina. EDEN, su propuesta sobre naturaleza, belleza y responsabilidad, recorrió escenarios internacionales y mostró a una intérprete interesada en algo más que cantar bien: crear experiencias que el público pueda relacionar con su propia vida.

Por eso su participación en esta gala resulta tan significativa. En “Resurrección”, la mezzosoprano aparece en el cuarto movimiento, “Urlicht”, una página breve, íntima y decisiva. Después de una larga travesía orquestal, esa voz parece detener el tiempo para hablar de luz, de consuelo y de una esperanza que todavía no se ha convertido en gran final. DiDonato posee el tipo de presencia capaz de hacer que ese momento llegue al público sin necesidad de explicaciones complicadas, porque en Mahler la emoción debe sentirse antes de ser entendida. Una verdadera pedagogía emocional de esta sinfonía para quienes decidan acercarse.
Una voz dominicana en el centro
Junto a ella estará Nathalie Peña-Comas, nuestra reconocida embajadora cultural de la República Dominicana, cuya carrera ha crecido entre grandes escenarios, incluyendo salas como el Musikverein y el Konzerthaus de Viena, Santa Cecilia de Roma y el Auditorio Nacional de Música de Madrid, además de una discografía que ha cruzado repertorios académicos, sacros y, más recientemente, dominicanos y latinoamericanos.
Su presencia ofrece una lectura especial para el público local. Peña-Comas no aparece como cuota dominicana dentro de un programa internacional, pues llega con una carrera exterior que le permite pararse junto a DiDonato desde la solvencia artística. En el último movimiento de la Segunda de Mahler, cuando la soprano se una al gran arco coral, su voz introducirá una cercanía afectiva: no solo escucharemos una obra universal, también nos reconoceremos dentro de ella.
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Cuando Mahler necesita cantar
La Segunda Sinfonía de Mahler puede intimidar por su tamaño, su duración y sus fuerzas musicales, pero su secreto es sencillo de explicar. Durante buena parte de la obra, la orquesta pregunta. Luego aparece una voz sola, después llega otra voz y, finalmente, entra el coro, y aquello que comenzó como una búsqueda individual se convierte en una respuesta compartida. En esa arquitectura, DiDonato y Peña-Comas son las puertas humanas dentro de esa construcción inmensa.
La gala de clausura reunirá a la OSN, a José Antonio Molina, a dos solistas de enorme atractivo y al Coro Nacional Dominicano en una noche que tendrá gran valor artístico e institucional. La OSN llega a sus 85 años como la gran columna sinfónica del país, mientras Fundación Sinfonía celebra cuatro décadas de apoyo a la música académica. Que esa celebración ocurra con la Resurrección de Mahler añade un símbolo poderoso, pero el acontecimiento será todavía más claro para el público cuando se mire desde esas dos voces: una figura mundial y una soprano dominicana que comparte una obra donde, al final, cantar significa volver a creer.
