8 reflexiones de principios de año

1. Odiar una causa me impide amar otra. Tengo mis convicciones, lucho por ellas. Soy respetuoso de quien tiene creencias distintas y lo hace también con noble y férrea voluntad. He aprendido que en el campo de las ideas que se manifiestan de buena fe la verdad no está de un solo lado.

2. Ser honesto y alegre no es incompatible; al contrario, es un maravilloso complemento que nos hace mejores personas y más eficientes en nuestras misiones. Ser correcto y aburrido no es lo ideal, aunque, naturalmente, es mil veces preferible que ser sinvergüenza y gracioso. Esto último es fatal.

3. En todo período nos ocurren cosas buenas y malas, de las que somos responsables por comisión u omisión. Nuestro comportamiento determina generalmente el resultado. Dentro de nuestras limitaciones, debemos siempre aspirar a ser buenos ciudadanos y cumplir nuestros deberes. Eso nos llena de paz. Aquí radica la verdadera riqueza.

4. Debemos respetar las diferencias accidentales que todos tenemos, que por el hecho de ellas existir nadie es superior a nadie. Los colores no definen dignidad. Seamos humildes y tolerantes al opinar sobre el prójimo y razonablemente firmes al revisar nuestra conducta.

5. Tenía días pensando en un escrito de derecho que debía hacer. Invertí muchas horas dándole vueltas al tema, sin aterrizar. Pero hace 15 minutos decidí trabajarlo y ya terminé. Concluí que debemos ocuparnos de los problemas, no preocuparnos por ellos y que por el solo hecho de iniciar ya hemos recorrido buena parte del camino; también que todo suele ser más simple de lo que creemos y que complicamos nuestra existencia sin necesidad.

6. Una palabra de aliento puede determinar positivamente el futuro de alguien, al igual que una frase descompuesta puede atrofiarle su futuro, en especial si es dirigida a un niño o joven. Debemos ser cuidadosos al expresarnos. Por ello, a menos que sea un caso que lo amerite, trato de no juzgar la conducta humana, salvo que sea para algo agradable, que promueva el desarrollo del receptor.

7. Cuando me preguntan por mi pasatiempo preferido respondo: “hacer el bien”. Nada me entretiene más. Lo disfruto y mi gozo se multiplica por mil cuando noto los resultados. Por ello estimo que “hacer el bien” tiene una apreciable dosis de “sano egoísmo”, pues nos sentimos más satisfechos que la persona beneficiada por nuestra acción.

8. Camina junto a personas que promuevan amor y fraternidad, te motiven a avanzar y ser mejor, inspiren confianza, sean positivas y tengan Fe en el porvenir. Y tú debes ser igual para ellas. Es de doble vía. Una mala compañía puede ser desastroso para ti y tu entorno.

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