A un año de gobierno

Apenas el nuevo gobierno tomó posesión, le comenté a un buen amigo que el primer año es el más difícil para una nueva administración, porque por una parte resulta interminablemente largo y, por la otra, el tiempo resulta corto para poner en marcha la serie de cambios y programas prometidos durante la campaña electoral.
Esta será una entretenida semana de comparaciones, de análisis, de opiniones encontradas en las que tomaremos parte las redes, los medios y todos aquellos que nos atrevemos a escribir.

La mayor parte de los análisis se enfocarán desde la óptica del lado político que se prefiera, en realidad, lo justo es hacerlo desde el punto de vista de las conveniencias de las mayorías. A los empresarios lo que nos interesa es que el país marche bien.

El presidente Abinader llega al poder fruto del deseo de un cambio por parte de la población. El clamor más fuerte fue el de la clase media, aquella que cada día se le hacía más difícil hacerse de una vivienda, de un vehículo y pagar servicios básicos, como por ejemplo el educativo. A buena parte de la sociedad le resultaba más que irritante comparar su estatus con el de muchos funcionarios que ostentaban lujos y gastos sin control. A todo esto, se sumó el desgaste natural de un partido que llevaba dieciséis años en el poder.

Otro reclamo muy extendido fue el establecimiento de un sistema de justicia independiente, de modo que aquellos que habían manejado de forma indecorosa los recursos del gobierno respondieran como es debido, sin menoscabo de sus derechos, pero sin privilegios ni encubrimiento.

Innegablemente, se están dando pasos para combatir la corrupción, no sólo la cometida por funcionarios de gobiernos pasados, sino también la de funcionarios del gobierno actual. Algo a lo que no estábamos acostumbrados.

Notamos avances en muchas otras áreas.

Se están haciendo esfuerzos serios para impulsar la necesaria reforma policial, la cual es imprescindible para garantizar la seguridad ciudadana.

Pero esto fue lo que se encontró.

Una crisis sanitaria y económica como jamás pensada. A esa crisis se suma ahora el aumento de precios a nivel internacional, la dificultad con las navieras, el aumento del precio del petróleo y ahora, incluso, problemas con el gas natural, con precios en Europa que quintuplican los precios de esta zona, pero complican el suministro a nivel mundial.

Un economista que leo con frecuencia dice, con razón, que comparar es una actividad difícil y yo diría que mucho más cuando no tenemos nada con qué comparar porque nunca había existido una crisis como la actual.

La producción agrícola había colapsado por la falta de demanda del sector turístico y esto llevó a la quiebra a muchos productores que no encontraron mercados para sus productos, con el resultado de aumentos de precios y escasez. Gracias al aumento de la demanda, fruto de un mayor flujo de turistas, la oferta y los precios tienden a estabilizarse.

De todas formas, si es cierto que no podemos comparar resultados con periodos anteriores, si lo podemos hacer con los países de la región. El manejo de la pandemia con lo difícil que resulta controlar un virus del que se tiene muy pocas estadísticas, podemos exhibir resultados de vacunación que nos coloca muy por encima de casi todas las naciones del continente.

Más del cincuenta por ciento de la población tiene ya las dos vacunas y se han aplicado cerca de diez millones de dosis. Hoy, con una positividad de 4.36 % y apenas 5,543 casos activos, es un éxito el manejo del covid-19 y sus variantes.

El senador norteamericano Bill Casidy habla del éxito de las zonas francas, mientras hay descontento en Latinoamérica y hasta momentos difíciles en los propios Estados Unidos, dice que República Dominicana debe ser aplaudida, habla de nuestra ubicación estratégica, las grandes oportunidades que esto representa junto con el DR- Cafta.

El secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro, dice que nos convertimos en una plataforma para que países transfieran sus servicios a nuestro país.

Me contó el dueño de una de las cadenas de ropa del país, que al realizar las compras para el próximo año como siempre se hacen en conjunto con las demás cadenas latinoamericanas, los montos exigidos por China pudieron hacerse gracias al volumen de nuestro país porque las ventas en los demás estaban aún deprimidas.

Cuando comparamos muchos de los niveles de venta con el 2019 ya hoy están iguales y en algunos casos por encima, a pesar del golpe que nos han dado los fletes de China, donde hoy pagamos 20,000 USD por un contenedor que en enero del 2020 apenas costaba 1,250 USD.

Olvidamos la crisis de las nevadas en Texas, centro de producción de materias primas, que elevaron los precios de empaques y químicos, los aceites de soya desde Argentina, con su aumento de un cien por ciento y aún así la inflación está por debajo de las tasas de interés.

Un dólar estable, más bien hacia la baja y financiamientos facilitados a los sectores productivos a tasas de hasta un seis y medio por ciento. La estimación de crecimiento de producto interno bruto puede estar por encima del siete por ciento en estimaciones conservadoras.

El turismo, que sufrió un tremendo golpe, ya en julio mostró cifras muy alentadoras, más de dos mil vuelos y todo apunta a una temporada de fin año muy esperanzadora. La tasa de ocupación hotelera está cerca del cincuenta por ciento y la mayoría de nuestros turistas vienen de los Estados Unidos.

El sector eléctrico no deja de ser un reto. Se perdió el tiempo de hacer las reformas cuando el barril estaba a cuarenta dólares, habrá que hacerlas con el barril a setenta dólares. Aún los números no son los deseados, pero se han emprendido cambios fundamentales como unificación de los consejos, el destino de Punta Catalina y la eliminación de la CDEEE.

Interesante los reclamos de diputados del antiguo partido de gobierno sobre el endeudamiento. Debimos haber puesto mayor atención a este cuando la economía mundial volaba, la economía norteamericana corría a pleno empleo y nadie soñaba con covid.

Presidente, pare el endeudamiento; pero entonces no compre más vacunas, no mantenga los programas sociales, aumente los impuestos, es la cara de la moneda que muchos no quieren ver. Seguir reduciendo gastos y que las recaudaciones vía DGII y DGA, que van muy bien, sigan en aumento.

Tendremos que discutir la reforma fiscal, algunos de mis colegas dicen no estar de acuerdo, que esta es una economía donde hay tanta informalidad que históricamente lo que se ha demostrado es que las reformas no aumentan la presión fiscal, por el contrario, lo que hacen es beneficiar los sectores informales.

Dicen que lo que mejora la presión fiscal es el crecimiento de la economía. Ya veremos, hay una realidad que muchas veces escapa de lo que deseamos.

Tenemos muchas asignaturas pendientes, muchos han perdido sus empleos, fruto de la pandemia; por eso es tan importante seguir el eficiente trabajo del turismo y tanto la industria local como la de exportación; hacer los esfuerzos, para como dice el senador Casidy, aprovechar nuestra envidiable posición geográfica.

La educación, que ha sido la cenicienta desde hace años, ha sufrido enormemente con la pandemia. Esperemos que en el inicio del año escolar nuestros niños puedan ir presencial y que nuestras asociaciones de maestros entiendan que deben dejar atrás las trabas del “golpeo sistemático” y desarrollar una cultura de innovación.

El país y el gobierno tienen muchos retos, una militancia que exige empleos, retos internacionales que no controlamos, ministerios y direcciones que no entienden la urgencia de acciones que lejos de la política estén más cerca de las necesidades de la gente.

La vida es una sucesión de retos y desafíos, todo está con el valor y el coraje con que los enfrentemos y que todos entendamos que, sin importar bandería política, hay muchos de nuestros conciudadanos que hoy esperan y merecen un futuro mejor.

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