Luis E. Freundt
Presidente del Club de Ideas Políticas
PUCMM
Hoy en día, muchas políticas públicas implementadas por el Gobierno central no logran alcanzar el objetivo para el cual fueron diseñadas. En ocasiones, esto ocurre por fallas en su formulación, por una ejecución deficiente o por una comunicación poco efectiva. Sin embargo, existe un elemento menos discutido: la idiosincrasia del ciudadano. Las personas no reciben una política pública de manera neutral; la interpretan desde sus valores, creencias, experiencias, prejuicios y emociones. En ese proceso, una medida técnicamente correcta puede ser rechazada si entra en conflicto con las narrativas que circulan en la sociedad misma.
Esta premisa puede relacionarse con el concepto de economía narrativa de Robert J. Shiller, según el cual las historias que las personas comparten influyen en sus decisiones económicas, sociales y políticas. Desde esta perspectiva, una política pública puede fracasar no sólo porque esté mal diseñada, sino porque la narrativa dominante la presenta como injusta, inútil, peligrosa o desconectada de las necesidades ciudadanas.
Un ejemplo claro fue la vacunación durante la pandemia del COVID-19. En términos técnicos, la vacunación podía interpretarse como una medida cercana a una mejora de Pareto, pues buscaba reducir contagios, hospitalizaciones y muertes, y generar beneficios sociales superiores a sus posibles costos. Sin embargo, en redes sociales circularon múltiples formas de desinformación que generaron miedo, desconfianza y rechazo. Como resultado, un sector de la población evitó vacunarse, aun cuando este era uno de los métodos más eficaces para disminuir drásticamente los efectos de la enfermedad.
Estos sucesos muestran que el Gobierno debe fortalecer no solo el aspecto técnico de sus políticas, sino también su dimensión narrativa y comunicacional. No se trata simplemente de aumentar el gasto en publicidad, sino de comunicar con inteligencia y sensibilidad hacia la idiosincrasia ciudadana. En la era digital, entender a quién va dirigida una política y cómo debe explicarse puede ser tan importante como su diseño. En redes sociales, el inmediatismo controla la atención del usuario, y un titular mal planteado puede afectar la eficacia de toda política pública.
