La dignidad humana como pilar del orden constitucional 2/4

La dignidad humana ocupa un lugar central en el pensamiento ético y en los sistemas jurídicos modernos.

La Constitución dominicana, desde el 2010, se fundamenta en la dignidad (arts. 5, 6 y 38). En su artículo 38, proclama que la dignidad del ser humano es sagrada, innata e inviolable, obligando al Estado a garantizar su respeto y protección. Este principio conecta con la ética kantiana, que afirma que el hombre debe ser tratado siempre como un fin y nunca como simple medio. Para Kant la autonomía moral confiere la dignidad, al permitir al ser humano guiarse por la razón y principios universales.

Millán Puelles (1982) destaca que la dignidad también requiere condiciones materiales mínimas para ser efectiva. La libertad y la autonomía no pueden florecer en contextos de pobreza extrema o de carencias básicas. De este modo, la dignidad humana trasciende el plano individual y se convierte en un valor social, jurídico y político, que orienta la acción del Estado y de la sociedad en su conjunto.

Alegre Martínez (1996) indica que todos los derechos humanos se fundamentan en la dignidad, lo que implica que protegerla es condición esencial para la justicia. Una sociedad justa es aquella en la que la dignidad de cada ser humano es reconocida, respetada y promovida, sin discriminación. Así, la dignidad se convierte en horizonte del orden constitucional democrático, en sustento de la igualdad y la libertad, y en límite frente a cualquier forma de explotación, abuso o instrumentalización de las personas.

La dignidad no es solo un imperativo jurídico, sino un mandato moral que impulsa a la sociedad a reconocer el valor intrínseco de cada ser humano. Se convierte en principio de políticas públicas orientadas a garantizar la igualdad de oportunidades, la justicia social y el pleno desarrollo de la personalidad de cada ciudadano, dando paso a un marco institucional y cultural que rechaza toda forma de discriminación y violencia, afirmando la centralidad de la persona como fundamento de la paz, la libertad y la convivencia plural.



Autor: Basilio Florentino Morillo

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