La justicia como compromiso constitucional y educativo 4/4

Autor: Dr. Basilio Florentino Morillo

La entrega anterior situó la justicia en las normas, las instituciones y el diálogo. Hoy esos referentes deben trasladarse a un entorno donde decisiones importantes pueden estar mediadas por sistemas de inteligencia artificial. Una herramienta puede ayudar a aprender, traducir o detectar dificultades; también puede reproducir sesgos, ofrecer información falsa o favorecer a quienes disponen de mejores recursos tecnológicos. La pregunta educativa no es solo qué tecnología incorporar, sino a quién beneficia, a quién perjudica y quién responde por sus resultados.

La Unesco (2021), adoptó una recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial que destaca dignidad, equidad, transparencia, supervisión humana y no discriminación. Su orientación es útil para la escuela: ningún resultado automático debería convertirse, sin revisión responsable, en sentencia sobre la capacidad o el futuro de un estudiante. La persona no puede quedar reducida a una puntuación opaca.

Educar en la justicia digital exige prácticas concretas. Cuando una aplicación da una respuesta, el alumnado debe contrastar fuentes y reconocer incertidumbres. Si un sistema clasifica desempeños o recomienda apoyos, el profesorado debe examinar sus criterios y escuchar a los afectados. Si se permiten herramientas generativas, deben explicarse las reglas de uso, la autoría y las formas de evaluación. También proteger los datos personales y ofrecer alternativas a quienes no tienen conectividad.

Hasta ahora, la tecnología no sustituye el juicio moral; en cambio, lo vuelve más necesario. Analizar una imagen falsa que perjudica a alguien, una selección automatizada que excluye injustamente o una respuesta convincente que contiene errores permite identificar derechos, valorar consecuencias y proponer reparación. Preguntar quién controla los datos y cómo reclamar ante decisiones automatizadas injustas, sin renunciar al diálogo es una forma de incrementar la prudencia digital y el reconocimiento de incertidumbres. Eso significa que educar en la justicia en tiempos de inteligencia artificial, exige formar personas capaces de utilizar herramientas poderosas sin renunciar a la verdad, a la dignidad del otro y la responsabilidad compartida.

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