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Ángel Hernández no imaginaba que, como ministro de Educación, además del reto titánico de elevar la calidad de nuestra educación tendría que enfrentar un aparato corrupto que se ha enquistado en ese poderoso ministerio. Hernández ha declarado que no ha podido comenzar a trabajar como se debe pues los tres meses que lleva en el cargo los ha dedicado a poner la casa en orden. Pero lo más escandaloso en todo esto es su denuncia de que ha recibido amenazas de muerte; no puede tomarse a la ligera y debe investigarse seriamente. ¿A alguien no conviene que la cartera educativa sea puesta en orden? Hay que proteger y cuidar a este comprometido ministro, que nos ha devuelto esperanzas.

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