En la campaña presidencial 2024 en Estados Unidos, los demócratas no le vendieron algo concreto al electorado; apostaron a convencerlo de que el rival republicano, Donald Trump, representaba una amenaza para la democracia. Eso era cierto, está comprobado, pero no funcionó como consigna. Trump ganó la elección, regresó a la Casa Blanca y Estados Unidos tiene ahora el reto de sobrevivir a su segundo mandato (“Trump 2.0”). Tiene que demostrar que tiene resiliencia y fortaleza institucional suficientes como para que no sucumba su democracia, referente global, a manos de ese populista de derecha, elegido democráticamente, pero que no cree en la democracia y se baraja ahora como otro de sus “matadores”.
