Frontera

Como hemos palpado durante décadas, la frontera entre República Dominicana y Haití es en la práctica una línea virtualmente imaginaria, dada su porosidad y la forma en que sus límites son violados por migrantes indocumentados. Todo esto ocurre a pesar de la reforzada vigilancia militar en los puestos principales de cruce. El tráfico ilegal se ha incrementado notoriamente este año. No pasa un día sin que se informe la detención de vehículos operados por redes que se dedican al trasiego de indocumentados a lo largo de una línea limítrofe de 391 kilómetros, separada en algunos tramos por el río Masacre, de tan escaso caudal que “se pasa a pie”.

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