Hoy 12 de octubre, se señala como que Cristóbal Colón, al mando de 3 endebles navíos, divisó tierra en lo más tarde se llamó América, por uno de esos caprichos de la historia, Hay fechas que uno aprende en la escuela, con la misma naturalidad que aprende a persignarse, saludar a los mayores o pedir la bendición y esta es una de ellas. Nos dijeron que Colón descubrió América, que llegó en 3 carabelas, y que ese encuentro abrió las puertas de un nuevo mundo.
Con los años aprendemos que, tras aquel cuento repetido, hay otra historia que no siempre se contaba con la misma solemnidad, porque aquí había gente y no poca. Las huestes españolas no encontraron un mundo vacío. Había pueblos, comunidades, familias, caciques, agricultores, pescadores, artesanos, creencias, jerarquías, formas de organizar la vida y maneras de entender el universo. Había una cultura que no tenía que parecerse a la europea ni demostrar con cañones su existencia. Se evidencia que el navegante poseía información y cartas marinas que demostraban que había tierras más allá de las conocidas en 1492. Convenció a la determinante reina, Isabel la Católica, de firmar un acuerdo denominado Las Capitulaciones de Santa Fe, en la que acordaron las condiciones del reparto del resultado de esta aventura. La monarca incumplió y apresó al “descubridor” que murió en Valladolid, 1506, enfermo, desposeído y en lucha con la corona. Colón preguntaba a los aborígenes si no tenían oposición en que sus tierras fueran tomadas en nombre de España, sin entender lo que les decían, a lo que un escribano con “fe pública”, anotaba su consentimiento. Después de 1492 la Hispaniola se convirtió en uno de los primeros escenarios de la colonización europea permanente en América, la búsqueda de oro, la apropiación de tierras, los trabajos forzados, y la imposición, alteraron profundamente la vida de los pueblos indígenas. Las Encomiendas y la explotación contribuyeron a destruir sus estructuras comunitarias. Fue el encuentro -y pronto el choque- entre dos sociedades de desarrollo tecnológico, economico y militares muy diferentes. En esta parte de las Antillas donde hoy vivimos los dominicanos aquel encuentro terminó convirtiéndose en una profunda tragedia demográfica y cultural. Cuánto hemos repetido la palabra “descubrimiento”, sin pensar qué significó para quienes ya estaban aquí. Uno llegó con barcos, acero, caballos, armas y una organización militar desconocida para los habitantes de estas islas. El otro tenía sus propias formas de poder, sus conocimientos agrícolas, sus redes comunitarias, su relación con la naturaleza que no dependía de la tecnología europea. No fue un simple encuentro entre dos culturas. Fue el inicio de una relación de poder en la que una impuso su dominio sobre la otra. Que este 12 de octubre no nos encuentre celebrando solamente la llegada de las carabelas sino también recordando a los que estaban en la orilla, porque este territorio no comenzó a existir cuando Europa la encontró
