Pesan más

Nuestro país lleva décadas arrastrando el peso de los apagones, pero actualmente sus consecuencias son más graves, por la dependencia tecnológica. Otrora la falta de luz era incómoda, no paralizante. Las líneas telefónicas fijas funcionaban, las máquinas de escribir mecánicas suplían a las eléctricas y la vida seguía adelante. Ahora, la dependencia tecnológica nos deja vulnerables. Sin electricidad quedamos incomunicados, el trabajo se detiene y la productividad se hunde. A ello se suma otra cosa que otrora no teníamos: la inseguridad ciudadana. Calles oscuras se convierten en escenario propicio para asaltos y delitos. Los apagones ahora pesan más; además de atraso energético son una amenaza directa al bienestar ciudadano.

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