Afirmé en una columna anterior que, de las últimas ediciones del Concurso Chopin no había surgido algún paricipante del Concurso Chopin que impresionara y que esperaba equivocarme en la edición de este año. Y agradezco que así fuera.
Eric Lu, nacido en Estados Unidos, de padre taiwanés y madre china (toda una paradoja), dejó a asistentes, críticos y amantes de la música clásica sin ovaciones luego de su consagración el pasado domingo en el 19º Concurso Chopin de Varsovia, donde deslumbró, sin exagerar, por su madurez, sutileza y extraordinario fraseo.

Los críticos elogiaron un pianismo de alto nivel, «en un espíritu que habría conmovido al propio Chopin». Lu ya había obtenido el 4º premio en el Chopin 2015 y ganado el Leeds 2018. Lo del domingo pasado es otro eslabon de una carrera fulgurante.
Con ese revuelo, Deutsche Grammophon no perdió tiempo y se apresuró a lanzar el viernes, un single del Vals Op. 64 n.º 2 en do sostenido menor (Chopin: Waltz No. 7 in C-Sharp Minor, Op. 64 No. 2 Live) de Chopin, interpretado por Eric Lu. El disco completo se lanzará en noviembre.
Lu aborda esta página con lirismo y elegancia notables. La naturalidad de su rubato (manejo de la velocidad de la pieza para ‘disolver’ un acorde en otro) dan a cada compás un aliento orgánico, llevando a «re-descubrir» la pieza como si fuera la primera vez. A sus 27 años, la madurez artística de Lu impresiona: no busca virtuosismo vacío, sino comunicación profunda.
Da gusto saber que la música de Chopin sigue siendo piedra angular para jóvenes pianistas como Lu: un trampolín competitivo y, a la vez, escuela de madurez artística. Agradezco enormemente haberme equivocado.
