La Ciguapa abandonará este domingo los bosques dominicanos para aparecer en un escenario de St.Louis, EE.UU. No habrá que buscar sus huellas al revés: bastará escuchar las voces femeninas y la orquesta de cámara que Darwin Aquino ha convocado para darle vida musical y presentarla ante un público que quizá desconozca por completo su historia.
El compositor y director dominicano estrenará este 1 de noviembre, al frente del Saint Louis Women’s Chorale, La Ciguapa: Songs of an Island, una obra encargada por la agrupación que transforma nuestra leyenda en una celebración de la libertad femenina. “Representa a una mujer que decide su propio camino y que no pide permiso para existir”, explica.
Aquino, cuya carrera internacional se ha desarrollado también en la dirección orquestal y operística, lleva casi dos décadas investigando cómo incorporar las tradiciones dominicanas a la composición académica. Aquí utiliza la jacaná, danza vinculada a la sarandunga, y ritmos de palos afrodominicanos. Las congas acompañan el llamado de la Ciguapa; las cantantes incluso improvisan sonidos para imaginar su voz y la criatura temida por tantos termina ofreciendo un beso.
Hay algo más profundo que el exotismo de una leyenda caribeña: Aquino convierte ese patrimonio en materia dramática y musical, con una ambición que recuerda las búsquedas de identidad de Bartók o Falla, sin renunciar a su propio acento.
“Dirigir me ha dado una carrera internacional, pero componer es donde más profundamente soy yo mismo”, confiesa Darwin, que sueña con ser reconocido como embajador de la música clásica del Caribe. Su Ciguapa propone una respuesta: nuestra tradición también tiene mucho que decirle al mundo.
